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LE NOUVEAU GOUVERNEMENT MEXICAIN EST ENTRE EN GUERRE SAINTE CONTRE SON PROPRE PEUPLE. ARRESTATIONS ARBITRAIRES D'HOMMES POLITIQUES COMME DE SIMPLES PASSANTS QUI AVAIENT LE MALHEUR DE SE TROUVER AU MAUVAIS ENDROIT AU MAUVAIS MOMENT, GENERALISATION DU VIOL DES PRISONNIERES, DE LA TORTURE Y COMPRIS SUR DES ENFANTS DE HUIT A DOUZE ANS , CENSURE DE TOUTE OPPOSITION... LA LUTTE NE FAIT QUE COMMENCER. El nuevo gobierno mexicano a entrado en guerra santa contra su propio pueblo. Imposición, traición, doble discurso, ruptura del pacto social, ningún respeto por los derechos humanos con la consiguiente tortura, prisión, muerte de luchadores sociales e inocentes. Censura y desprecio por la cultura y la educación.... LA LUCHA COMIENZA.

jeudi 24 janvier 2008


Apagón · Rocha

Calderonomics o la nanocracia

De proceso, el siguiente análisis que no tiene desperdicio:

Calderonomics o la nanocracia

jenaro villamil México, D.F., 23 de enero (apo).-

Durante el sexenio de Miguel de la Madrid se acuñó el término tecnocracia para describir a la nueva generación de funcionarios de primer nivel, con un cúmulo de maestrías y doctorados en universidades extranjeras, especialistas en economía pero sin ningún cargo de elección popular previo.

Su sucesor, Carlos Salinas, el tecnócrata por excelencia, negó siempre este término por considerarlo peyorativo, y se inventó a sí mismo el mote de “modernizador”. Ernesto Zedillo llegó al poder con las mismas herramientas que De la Madrid y Salinas: su dogmatismo monetarista y su desdén hacia la política tradicional.

Con Vicente Fox los tecnócratas siguieron controlando los centros neurálgicos de las decisiones económicas, diplomáticas y sociales, en conflictiva relación con los “gerentes” o empresarios que se incorporaron al gobierno sin ninguna experiencia previa en gestión pública.

Francisco Gil Díaz, el maestro de una generación de funcionarios de las finanzas públicas, se mantuvo al frente de la Secretaría de Hacienda durante seis años, extraño privilegio que sólo compartió con Pedro Cerisola, titular de Comunicaciones y Transportes.

El gobierno de Felipe Calderón se ha ido transformando ya no en un gobierno de gerentes o de tecnócratas sino en una nueva generación de funcionarios que se perfilan como la involución de la tecnocracia y de los gerentes: los nanócratas. Es decir, el gobierno de los estudiosos en el control y manipulación de las micropartículas de las áreas públicas, sin visión de Estado ni de elite ni de nación.

El término nanocracia proviene de nanotecnología, palabra común en las ciencias médicas para designar a los especialistas en computación cuántica y motores moleculares.

Los nanócratas en la política no ven la realidad sino como un nano (la mil millonésima parte de un metro) y prefieren venderse no como especialistas en algo sino como artesanos de la operación corta. Del poder del picaporte al picaporte con poder.

Los cambios recientes en el gabinete configuran a esta nueva generación de nanócratas: Juan Camilo Mouriño, nuevo titular de Gobernación; Ernesto Cordero, flamante secretario de Desarrollo Social, y los jóvenes del entorno calderonista: César Nava, jefe de la oficina presidencial; Alejandra Sota Mirafuentes, responsable ahora del discurso presidencial, imagen y análisis político, y Patricia Flores Elizondo, titular de la Coordinación de Administración de Los Pinos.

El problema de esta nueva generación de funcionarios no radica en su juventud sino en la ausencia de un currículum tecnocrático, gerencial o partidista que los acredite para los cargos de alto nivel de responsabilidad.

Se les conoce en función de su cercanía con Calderón, no en razón de sus méritos burocráticos, legislativos o intelectuales. Son nanócratas porque se han vuelto parte del entorno milimétrico de Los Pinos que confunde la realidad del país con las necesidades de control y de liderazgo a corto plazo de la casa presidencial.

El caso más emblemático es el de Juan Camilo Mouriño. Más allá de si es madrileño, gallego o campechano, Mouriño Terrazo encabezará la secretaría responsable de las áreas claves de la política y la seguridad nacionales sin tener una trayectoria mínima para ello.

Su paso por alguna universidad de Tampa, Florida, su papel como diputado y su cercanía a Calderón desde la Secretaría de Energía lo perfilan como un buen colaborador del presidente, no como un ministro del Interior.

Mouriño ni siquiera cuenta con el perfil tradicional de un panista sino de un eficaz gestor de recursos que le sirvió a Calderón para la campaña electoral.

Una especie de Lino Korrodi al que pretenden convertir por golpe de suerte en la reencarnación del mismísimo Fernando Gutiérrez Barrios. Sus promotores, con más lambisconería que realismo, ya lo perfilan como aspirante presidencial para el 2012.

El otro caso es el de Ernesto Cordero. Como Mouriño, al licenciado en Actuaría por el ITAM no lo distingue su conocimiento de la política social y mucho menos del combate a la pobreza, sino su breve trayectoria burocrática a la sombra de Calderón.

Fue subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico cuando el actual presidente era titular de Energía. Luego fue director de Administración Integral de Riesgos en Banobras cuando Calderón estuvo al frente de este organismo, y finalmente se desempeñó como director general de la fundación “Miguel Estrada Iturbide” de la fracción panista en la Cámara de Diputados, durante la época en que Calderón coordinaba la fracción.

La nanocracia tiene ahora la responsabilidad de los dos pilares gubernamentales: política interior y política social.

En los asuntos públicos pueden reproducir los mismos riesgos que la nanotecnología: caer en una alta toxicidad potencial a partir de las nanosustancias que distorsionan las moléculas y el sistema inmunológico. Eso es mucho más riesgoso para la salud política de un país que reclama estadistas y no microprocesadores de las decisiones públicas.

Comentarios: jenarovi@yahoo.com.mx


Los expertos · El Fisgón

Demagogia

Demagogia
Orlando Delgado Selley

...El alineamiento prácticamente total de la economía con la industria estadunidense implica que las exportaciones se contraerán y que, en consecuencia, entraremos en una fase en la que con dificultad cerraremos el año con un crecimiento de 2 por ciento. Eso será posible si los precios del crudo se mantienen en los niveles previstos presupuestalmente y si las autoridades entienden que es indispensable instrumentar un plan de contingencia que detenga la tendencia y defienda el nivel de vida de la población.

En otro momento sería simple demagogia declarar que podemos enfrentar las condiciones actuales, que la economía está blindada, que tendremos la corriente en contra, pero sabremos avanzar, que ya encendimos dos motores que nos permitirán contrarrestar lo que pasa en Estados Unidos. En estos momentos es más que demagogia, implica el reconocimiento de que el gobierno federal está incumpliendo abiertamente con su responsabilidad fundamental. Mientras el gobierno del vecino del norte propone regresar a los pequeños causantes 150 mil millones de dólares, equivalente a uno por ciento de su PIB, y su banco central reduce la tasa de interés, que disminuirá aún más en los próximos días, en México se aplica un nuevo impuesto, se incrementa el precio de la gasolina y se abre la frontera a los granos básicos.

La encomienda fundamental de cualquier gobierno es mejorar las condiciones de vida de la población. La del gobierno de Calderón, que surgió de unas elecciones cuestionadas, es, con mayor razón, defender las condiciones de vida de la mayoría. Tras un año de gestión esa responsabilidad fundamental no se ha cumplido. En este 2008, con un desafío importante, no bastan palabras: se requieren programas inmediatos que sean capaces de paliar los inminentes efectos de la recesión estadunidense.

Nuestra economía quedó más unida que antes a Estados Unidos desde la firma del TLCAN. Los tecnócratas de entonces pensaban que era nuestro boleto al futuro prometido. No lo fue y no lo será. Si no se actúa para modificar esa dependencia, el futuro nos alcanzará, pero será muy diferente al esperado.

Gurría y Ortiz, parejita feliz, a coro con Los Pinos

Jornada

México SA

Carlos Fernández-Vega
cfvmx@yahoo.com.mxcfv@prodigy.net.mx

Lo siento. Si EU entra en recesión, el imposible que no afecte a México: Morgan Stanley

Ampliar la imagen En el contexto de la inauguración del Foro Económico Mundial en Davos, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, advirtió que el riesgo de recesión en Estados Unidos contagió a otras economías, pero sostuvo que México puede resistir la crisis En el contexto de la inauguración del Foro Económico Mundial en Davos, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, advirtió que el riesgo de recesión en Estados Unidos contagió a otras economías, pero sostuvo que México puede resistir la crisis Foto: Notimex

Será porque vivieron todas las crisis económico-financieras de los 80 y 90, pero el hecho es que a punto de tocar tierra el huracán que viene del norte, dos prohombres de la famiglia feliz de la clase financiera gubernamental asomaron la cabeza para aconsejar a los mexicanos “no tener miedo” a la recesión estadunidense, ya que el país está “mejor posicionado que nunca”.

Nadie sabe qué quisieron decir con eso de “mejor que nunca”, porque el crecimiento económico de los últimos siete años ha sido el menor en casi cinco lustros, pero José Angel Gurría y Guillermo Ortiz Martínez (hoy al frente de la OCDE y del Banco de México, respectivamente, pero en el pasado no lejano integrantes del grupo que provocó la cadena de crisis económico-financieras en el país) son ese par de felices integrantes de la familia financiera del gobierno federal que se animaron –haciendo coro con el inquilino de Los Pinos– a recomendar a los mexicanos (quienes padecieron en carne propia la crudeza y recurrencia de las sacudidas) que se calmen, que no pasa nada y que, al igual que ellos, sean felices.

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¿Xenófobos?

Sergio Aguayo Quezada
saguayo@colmex.mx

Disiento de quienes acusan a la izquierda mexicana de estar utilizando el caso Mouriño para desenterrar la xenofobia antiespañola. Acepto la posibilidad de que en el futuro surjan brotes de odio contra los extranjeros.

Edmundo O'Gorman escribió ensayos memorables sobre la forma en que los españoles procesaron mentalmente los descubrimientos hechos por Cristóbal Colón. Terminaron "inventando" ideológicamente a la América para conciliar lo nuevo con el dogma religioso que encorsetaba todas las expresiones de la experiencia humana. También se las arreglaron para encontrar fórmulas que legitimaran la explotación del indígena.
Los nativos y sus descendientes enfrentaron el mismo reto aunque desde el rincón de los vencidos. Tuvieron que incorporar lo diverso a su cosmovisión para fundirse una identidad donde se acomodaron o encimaron lo ancestral con lo recién llegado. En ese crisol germinó el impulso a la independencia que incluyó, en su versión más extrema, la negación de lo español, que adoptaría el agresivo "y que mueran los gachupines" (según Antonio Alatorre "gachupín" proviene del portugués y quiere decir bisoño o recién desembarcado).
Pero eso fue hace mucho tiempo y el antiespañolismo parecía enterrado. En los últimos días algunos columnistas mexicanos y el corresponsal en México de La Vanguardia de Barcelona critican a la izquierda de desencadenar la xenofobia (odio al extranjero) tomando como pretexto el nombramiento de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación. La izquierda es presentada como intolerante e incongruente.
La acusación no se sostiene con la evidencia disponible. Revisé con cuidado todo lo declarado o escrito sobre el caso Mouriño y encontré algunas expresiones despectivas; la de más alto nivel vino de Gerardo Fernández Noroña, a quien su mismo partido, el PRD, acusara de vulgar e intolerante. Ninguno de los líderes principales critica a Mouriño por la nacionalidad de sus padres o por nacer en Madrid.
Sí abundan las referencias a la rapidez con la cual se enriqueció una familia que llegó en 1978 y se piden aclaraciones sobre la forma en que recibieron las 40 concesiones de Petróleos Mexicanos para instalar lucrativas gasolineras. A Juan Camilo le imputan posibles conflictos de interés y se le pide que enseñe los documentos para confirmar que cumplió con los requisitos legales para ocupar su cargo. Exigencias sin olor a xenofobia.

En México sí hay abundantes casos de xenofobia contra "gachupines", "gringos", "chales" o sudamericanos; y en algunos casos se llegó a linchamientos y ejecuciones. Sin embargo, las encuestas de opinión muestran cómo se han debilitado esas actitudes. En estos momentos la sociedad tiene sentimientos más favorables hacia España que hacia el resto de los países latinoamericanos. Ese país se ha convertido en lugar de especialización para 5 mil 300 jóvenes que han transformado a España en el lugar europeo más preferido (ya está en segundo lugar después de Estados Unidos). El comercio y la inversión se duplicaron en el último sexenio y no paran de crecer. Sólo en el Distrito Federal viven actualmente unos 66 mil españoles. Transformaciones causadas, en buena medida, por la irreversible apertura de México al mundo. Después de todo alrededor del 20 por ciento de nuestra población vive en el extranjero.
Debe distinguirse la xenofobia de ese nacionalismo oportunista que critica al extranjero para obtener alguna ganancia. El PRI fue maestro de ese oficio porque incendiaba la galería con denuncias contra quien se entendía en privado. En el siglo XXI el máximo exponente ha sido Hugo Sánchez, quien llegó a entrenador de la Selección Nacional criticando al "extranjero" Ricardo Antonio Lavolpe porque le quitaba oportunidades a los paisanos. Exacerbó algunos ánimos, es cierto, pero nadie se lo tomó demasiado en serio porque era obvio su patriotismo de oropel. Va un botón de muestra. En lugar de utilizar sus trofeos más preciados, los "Pichichis" conquistados en España, para construirse un obelisco en donde el pueblo pudiera venerarlo, decidió donarlos al Real Madrid el club a donde vuelan sus ilusiones. Si su patriotismo fuera consistente debió regalar los "Pichichis" a su club de origen, los Pumas de la UNAM.
Dicho esto, sí existe el potencial para que florezcan actitudes antiespañolas. La izquierda resintió la forma tan apresurada como el gobierno socialista español reconoció la victoria de Felipe Calderón y el nombramiento de Mouriño se dio cuando sigue retumbando el caso Aristegui.
Esos hechos podrían convertirse en preámbulo a la xenofobia porque la historia todavía pesa, porque en los últimos años ha crecido la presencia española en México y porque, seamos honestos, es posible documentar la voracidad de algunas empresas españolas que se aprovechan de la corrupción oficial para abusar de los consumidores. En su descargo debe agregarse que imitan a las mexicanas porque los consumidores estamos indefensos por la claudicación de un Estado timorato. Llevando el razonamiento al extremo nuestro dilema es si deseamos ser esquilmados por la mexicana Telmex o por la española Movistar.
Una paradoja del caso Mouriño es que la prensa española fue la más entusiasta promotora de los detalles que alimentan las suspicacias. Ellos son los que discutieron si Juan Camilo es madrileño o gallego; ellos son quienes toman a los Mouriño como una reencarnación del "mito del indiano": el inmigrante que al ritmo de las "habaneras" se fue a América con una mano delante y otra atrás, que logró fortuna y que regresó al terruño a presumirla. En este caso el papá dellamante secretario de Gobernación se dio el gusto de comprarse un equipo de futbol -el Celta de Vigo.
La izquierda mexicana tiene mucho de criticable y el PRD debería utilizar el caso Mouriño para deslindarse de la xenofobia de algunos de sus militantes. Sin embargo, es poco serio endilgarle acusaciones sin fundamento que en algunas frases parecieran los desahogos de entripados ideológicos.
Es previsible que en el futuro se escudriñen con más cuidado las prácticas de los inversionistas españoles en México y, dependiendo de lo que se encuentre, podrían alimentarse los resentimientos adormilados contra el extranjero depredador. Pero eso forma parte del centenario problema de un país que sigue permitiendo la explotación inmisericorde de las mayorías por unas minorías de mexicanos... y extranjeros.

http://quebec.indymedia.org/files/483361660_ef2947db1f_o.png

Otra vez Atenco?


Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
24 de enero de 2008

Aeropuerto: ¿otro Atenco?

Cuidado, porque puede provocarse otro estallido social de grandes proporciones. El anuncio oficial de, siempre sí, construir el nuevo aeropuerto en Texcoco abre una vez más ese riesgo.

La memoria muy cercana nos remite a una de las etapas más infaustas del México contemporáneo. En su afán por construir —a como diera lugar— su gran obra del sexenio, el gobierno del remedo de faraón que fue Vicente Fox implementó una operación absolutamente desastrosa: compró a un presidente municipal —de cuyo nombre no vale la pena acordarse— que terminó repudiado por su comunidad; jamás se empolvó las botas para averiguar la realidad de Atenco, al que condenaba a la desaparición con la expropiación de 3 mil hectáreas, mientras a los otros municipios les quitaban unas cuantas; humilló a los lugareños con absurdos comparativos de producción agrícola, menospreciando su batalla cotidiana contra el salitre; ignoró que Atenco era un importante señorío desde la época precolombina y su ancestral apego a la tierra; intentó defraudarlos al ofrecer siete pesos por metro cuando tenían presupuestado 65; fue también Fox quien los empujó a salir de Atenco para tomar las calles de la ciudad de México y levantar sus machetes en el Zócalo, en imágenes que le dieron la vuelta al mundo. Y lo peor de todo es que, en su frustración, el gobierno foxista reprimió, golpeó, violó y torturó a los de Atenco en una demencial venganza que abrió una herida tan profunda que no sólo no ha cerrado, sino que sigue abierta y gangrenada.

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Masoquismo


Falacias aperturistas

Jornada

Clase Política

Miguel Ángel Rivera
riverapaz@prodigy.net.mx.


Abrir a la inversión privada el sector energético tiene un doble beneficio para los mexicanos. El primero es que se atraen cuantiosos capitales que generarán empleos de calidad para los nuestros, y el segundo, que los recursos públicos que ahora se invierten en este sector pueden destinarse a los rubros que mejoran la calidad de vida de los mexicanos.

Lo anterior es lo que afirman los partidarios de facilitar la entrada de capital privado, inclusive extranjero, a la producción de petróleo.

Pero la realidad los desmiente. Ahora que la empresa trasnacional Halliburton dio a conocer un millonario acuerdo con Pemex para perforar pozos petroleros en nuestro país, también se supo que una de las cláusulas de su contrato establece que ellos traerán a su personal. Es decir, se viene por el suelo la suposición de que “se generarán empleos de calidad para los nuestros”.

Senadores y diputados harían bien en revisar esos antecedentes antes de comprometer su voto a favor de una apertura que no beneficiará a los trabajadores nacionales.