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LE NOUVEAU GOUVERNEMENT MEXICAIN EST ENTRE EN GUERRE SAINTE CONTRE SON PROPRE PEUPLE. ARRESTATIONS ARBITRAIRES D'HOMMES POLITIQUES COMME DE SIMPLES PASSANTS QUI AVAIENT LE MALHEUR DE SE TROUVER AU MAUVAIS ENDROIT AU MAUVAIS MOMENT, GENERALISATION DU VIOL DES PRISONNIERES, DE LA TORTURE Y COMPRIS SUR DES ENFANTS DE HUIT A DOUZE ANS , CENSURE DE TOUTE OPPOSITION... LA LUTTE NE FAIT QUE COMMENCER. El nuevo gobierno mexicano a entrado en guerra santa contra su propio pueblo. Imposición, traición, doble discurso, ruptura del pacto social, ningún respeto por los derechos humanos con la consiguiente tortura, prisión, muerte de luchadores sociales e inocentes. Censura y desprecio por la cultura y la educación.... LA LUCHA COMIENZA.
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mercredi 31 mars 2010

Ciudad Juárez, viaje al fin del neoliberalismo


lo que siempre hemos pensado:

Ciudad Juárez, viaje al fin del neoliberalismo

Brecha


El sueño de la industrialización neoliberal se transformó en pesadilla. Ciudad Juárez, la de las maquiladoras y los feminicidios, frontera entre el norte y el sur del mundo, es hoy la ciudad más violenta del planeta. En los últimos dos años la guerra entre narcos, en la que está involucrado el ejército, ya causó 4.600 muertos y 100.000 refugiados.

LLEGANDO A CIUDAD JUÁREZ desde el sur, la última hora de avión muestra con creciente angustia uno de los desiertos más áridos del mundo. No era así antes, cuentan los pocos lugareños autóctonos. Juárez tenía 30.000 habitantes en 1930, 300.000 en 1970, 1,5 millones en 2000, y perdió varias batallas por el control del agua del Río Bravo con El Paso, que desde 1848 pertenece a Texas.

Del viejo y fértil valle de Juárez quedan apenas los topónimos. Entre ellos está el “Campo algodonero”, donde en 2001 se encontraron los restos de ocho mujeres víctimas de “feminicidios”. En noviembre pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a México por “indiferencia”: las mujeres violadas y asesinadas, jóvenes de clase humilde, no valían nada. Desde los años sesenta, y más aun después del tratado de libre comercio con Estados Unidos de 1994, llegaron a Juárez infinidad de mujeres para trabajar en las maquiladoras, las fábricas exportadoras de propiedad extranjera con regímenes fiscales especiales, bajos sueldos y escasos derechos, pero con la esperanza de un futuro mejor.

Las muertas no valían nada, como nada valen los 4.600 cadáveres que contó Juárez desde inicios de 2008, cuando comenzó la guerra entre narcos por el control de la ciudad entre los cárteles de Juárez y de Sinaloa y llegó el ejército a jugar su propio partido. Cuenta a Brecha el periodista de El Universal Ignacio Alvarado que “el 65 por ciento de ellos son menores de 25 años e hijos o nietos de obreras de maquiladoras”. Ese dato, además de trazar un perfil etnográfico de la masacre actual, atestigua el fracaso de un modelo de desarrollo. Elizabeth Ávalos, sindicalista, ex obrera en las maquiladoras, confirma: “hoy vive en Juárez medio millón de jóvenes a los cuales el modelo neoliberal no ofrece nada, ni educación, ni salud, ni trabajo y ven en el narco la única posibilidad de ganancia y de reconocimiento social”. Captados por los cárteles, son perseguidos por el ejército, que los ajusticia, secuestra, tortura y mata o arreglan sus cuentas a tiros. Esto en un contexto sin ley donde la quiebra del sistema judicial va más allá de la impunidad, y hay apenas 150 expedientes judiciales abiertos.

¿Y los otros 4.450 cadáveres?, pregunta Brecha al jurista Óscar Maynez: “Si el asesinato se cometió con armas automáticas o semiautomáticas se da por descontado que se trata de un ajuste de cuentas entre narcos, y ya no se procede”. Otro testigo, que prefiere el anonimato, calcula: “En 2008, el 80% de los muertos fue asesinado por la tropa de ocupación [el ejército]. El porcentaje bajó algo en 2009 porque hubo la contraofensiva de los narcos locales, desplazados pero no derrotados”. Los organismos de derechos humanos comprobaron la responsabilidad de los militares por lo menos en cinco casos de desapariciones de personas y hay cientos de denuncias por crímenes cometidos por uniformados. “En Juárez –sigue el testigo- no hay una guerra entre narcos en la cual el Estado llega a restaurar el orden sino una masacre cometida por el ejército enviado para sustituir un cártel por otro más controlable”. Aquí la pretensión punitiva del Estado ni siquiera caducó por ley. Simplemente el Estado renunció a castigar, porque está involucrado en la violencia.

Así, comenta Maynez, matar se volvió la mejor manera de solucionar asuntos prácticos: “Si le debes 20.000 pesos (unos 1.700 dólares) a alguien te sale más barato pagarle 3.000 pesos a un sicario. Librarse de una esposa o una amante molesta hoy día es muy fácil. Hace poco mataron en su cama a un ex chofer que había quedado tetrapléjico en un accidente de tránsito. Todo indica que lo mató su patrón para no indemnizarlo, pero no hay ningún expediente abierto por este asesinato”.

Tampoco hay un expediente abierto por la muerte de Alfredo Portillo, el yerno de Marisela Ortiz, dirigente de Nuestras Hijas de Regreso a Casa. Marisela, que recibe a Brecha en la escuela donde da clases, está considerada la “madre de Plaza de Mayo” juarense por su lucha contra los feminicidios. Alfredo, como el docente universitario Manuel Arroyo, el dirigente campesino Armando Villareal, el periodista Armando Rodríguez, Josefina Reyes y otros siete defensores de los derechos humanos, junto con anónimos militantes de los movimientos sociales u organizaciones barriales, sindicalistas, estudiantes, jóvenes inconformes, integran la lista de las decenas de “homicidios políticos” en Juárez que ni el Estado ni los medios admiten ni investigan.

Los asesinatos de estos luchadores sociales se atribuyen falazmente a “balas perdidas” o a “asuntos privados”. “Algo habrán hecho”, se dice de ellos. Los responsables de esos crímenes no son, a menudo, ni narcos ni delincuentes comunes, sino el propio ejército. Para los organismos de derechos humanos está comprobada la responsabilidad de los militares por lo menos en cinco casos de desapariciones de personas, y hay cientos de denuncias por abusos cometidos por uniformados.

MODERNIDAD. Juárez es enorme. El espacio de la urbanización hacia el desierto no tiene límites. Las grandes avenidas son recorridas por decenas de patrullas del ejército y de la policía federal. Cada camioneta carga ocho hombres con pasamontañas, armados hasta los dientes y que apuntan en todas direcciones. Camuflados van los militares, casi de negro los policías federales. Su presencia es agobiante, y los retenes bloquean el tránsito de una ciudad donde el deseo de normalidad choca con la realidad. No habían pasado dos horas de mi llegada a la ciudad y ya me bajaron del auto para una revisión corporal a cargo de militares armados.

La mayoría de los autos particulares no tiene placas, pero sí vidrios polarizados, contribuyendo a acrecentar la constante sensación de inseguridad. Por las calles circulan viejos autobuses estadounidenses que vinieron a terminar sus vidas en Juárez. Las caras de los pasajeros sintetizan los distintos pueblos indígenas de todo el país. Cualquier viaje se hace largo entre fraccionamientos habitacionales, grandes centros comerciales y enormes lotes baldíos que se encuentran también en zonas céntricas o semicéntricas. Para llegar a su trabajo los habitantes de estas zonas pierden horas. Seguramente muchos de ellos formaron parte de las importantes luchas comunitarias que tuvieron lugar años atrás para acceder a los servicios básicos. Luz, agua y poco más es lo que quedó del “sueño juarense”.

El urbanista colombiano Edwin Aguirre, investigador del Colegio de la Frontera Norte, ofrece una interesante clave de lectura: “Desde los setenta Ciudad Juárez multiplicó por cinco su población. En estas cuatro décadas no se abrió ni siquiera una escuela preparatoria. Quedan las que había en los años sesenta”. La preparatoria, en el sistema escolar mexicano, equivale al liceo y da acceso a la universidad. Queda claro que ni siquiera se pensó que los inmigrados de primera y segunda generación pudieran ascender socialmente llegando a tener estudios universitarios. “Nunca se los concibió como ciudadanos –comenta Óscar Maynez– y la ciudad entera fue creciendo atendiendo a los intereses de unas pocas grandes familias.”

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mardi 30 septembre 2008

Bajo Juarez

http://pruebas.munich.cervantes.es/FichasCultura/Imagenes/Bajo%20Ju%C3%A1rez,%20la%20ciudad%20devorando%20a%20sus%20hijas.jpg


Sitio del film:

Bajo Juárez - La ciudad devorando a sus hijas

El largometraje documental Bajo Juárez, la ciudad devorando a sus hijas (2006), es su Opera Prima. Como director de escena ha montado, entre otras, ...
www.bajojuarez.com/
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Video:

Videos: BAJO JUAREZ - Documental sobre las muertas de ...

Bajo Juárez indica el camino hacia culpables de feminicidios

El documental de Alejandra Sánchez y José Antonio Cordero se estrena el 3 de octubre

■ En la cinta no se revelan los nombres de los asesinos, pero sí a los responsables por omisión, señala el director

■ Denuncia el hostigamiento a periodistas, ONG y familiares, acotó en entrevista

Arturo Cruz Bárcenas

El documental Bajo Juárez se distingue de los otros trabajos sobre el tema de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez –incluidos los de ficción– “en que los años han pasado, pues esto comenzó en 1993.

Iniciamos en 2001 y terminamos en 2007, lo cual nos ha permitido mirar con más claridad el fenómeno, que es complejo, pero cuyo mapa criminal señala que están inmiscuidos altos grupos de poder junto con funcionarios públicos”, expresó Alejandra Sánchez, quien, al lado de José Antonio Cordero, dirigió la cinta que se estrenará el 3 de octubre con 12 copias. Vanessa Bauche funge como productora.

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mardi 10 juin 2008

Las muertas de Juarez

No se puede mostrar la imagen “http://www.metapolitica.com.mx/juarez/images/portada.jpg” porque contiene errores.

www.metapolitica.com.mx/juarez/

On parle encore du Mexique

Ciudad Juarez, ville frontière d’une extrême violence

RFI
Depuis le 1er janvier 2008, la guerre entre les cartels de la drogue à Ciudad Juarez a fait plus de 400 morts, dépassant largement le chiffre symbolique des 368 femmes mystérieusement assassinées depuis 1993. La ville frontière vit dans l’angoisse et la terreur. La police, l’armée, les troupes de choc sillonnent la ville dans leurs engins blindés sans parvenir à mettre un terme à cette violence.
Dans plusieurs endroits de la ville, comme ici dans le « champ des cotonniers », des croix roses rappellent les meurtres des femmes de Ciudad Juarez ( Photo : Patrice Gouy/RFI )

Dans plusieurs endroits de la ville, comme ici dans le « champ des cotonniers », des croix roses rappellent les meurtres des femmes de Ciudad Juarez
( Photo : Patrice Gouy/RFI


Patrice Gouy

Dès l’arrivée à l’aéroport de Ciudad Juarez, le ton est donné, avec la fouille minutieuse des bagages par une dizaine de soldats fortement armés. Plus que la drogue, ce sont les armes qu’ils recherchent. Passées les dernières portes vitrées de l’aéroport, on a le souffle coupé, d’abord par un vent chaud qui dessèche - le thermomètre annonce 43 º avec un vent à 60 km/h - mais surtout par le déploiement policier, qui montre clairement que l’on est dans une ville assiégée. Il ne se passe pas une journée sans fusillade, et les 1,3 millions d’habitants de Ciudad Juarez ont peur. Selon le journal local El Mexicano, les règlements de compte à Ciudad Juarez ont fait plus de 400 morts depuis le début de l’année : pratiquement 2 meurtres par jour !

Chacun prend ses précaution pour éviter le drame

Dans les rues, le matin, les mères de famille ne laissent plus leurs enfants aller à l’école tous seuls. Dans l’après midi, les adolescents ne jouent plus au football dans la rue et les personnes âgées ne discutent plus sur la pas de leur porte. Il n’y a qu’à remonter l’avenue Juarez où se trouvent les bistrots, les restaurants, les boites de nuit et les commerces, pour voir que Ciudad Juarez, qui grouille normalement de monde, est une ville morte. Les gens riches ont passé la frontière et vivent à El Paso. Plus personne ne s’attarde dans les rues. Les passants sont attentifs, prêts à se jeter au sol au moindre coup de feu. La semaine dernière, deux chauffeurs de taxi ont été mortellement atteints par des balles perdues, alors qu’ils attendaient l’improbable client. Un peu partout, les gens indiquent aux curieux les impacts de balles sur les rideaux métalliques ou les vitrines des boutiques. La violence est telle que le photographe du journal El Norte qui nous accompagne, nous assure cyniquement que si l’on a raté la fusillade du matin, il y a celle de l’après midi voire celle du soir.

Effectivement, ce mardi matin, une fusillade a fait 3 morts, à 16 heures, une poursuite infernale a fait 6 autres morts dont une jeune femme enceinte qui passait par là et lorsque nous regagnions notre hôtel, le scanner de la police faisait état d’un meurtre devant la cathédrale.

Des cartels plus puissants que l’Etat


Depuis plusieurs mois, le cartel du Sinaloa, dirigé par Joaquin El Chapo Guzman et considéré comme l’organisation criminelle la plus dangereuse du Mexique, veut s’approprier le territoire du Chihuahua que contrôle le cartel de La Linea. Les règlements de compte se font en plein jour, au cœur de la ville, pour impressionner la population et faire un pied de nez à la police et à l’armée. L’avenue du Triomphe de la République, la principale artère de la ville, a été rebaptisée par les habitants l’avenue du Triomphe des Narcos, à cause des multiples fusillades qui se sont déroulées à quelques centaines de mètres du commissariat principal. Les cartels n’hésitent pas à signer leurs forfaits du nom de leur chef, ou à laisser ce que l’on appelle des « narco-messages » qui accompagnent la tête décapitée de leurs victimes. Selon l’anti-drogue mexicaine, El Chapo gagnerait 200 millions de dollars par mois, 10 % servirait à corrompre les autorités. « Les criminels agissent où bon leur semble, explique Jaime Torres, le porte parole de la Sécurité Publique de la ville, la police ne peut pas faire grand-chose car c’est un règlement de compte entre bandes rivales extrêmement sanguinaires. La tâche des policiers est donc de patrouiller dans les quartiers problématiques, pour éviter que la petite délinquance ne profite de l’insécurité pour commettre plus de délits ».

La peur des plus pauvres

Lors d’une sortie avec la police dans un quartier populaire, 2 personnes ont été interpellées pour possession d’héroïne. Après admonestation, elles ont été finalement relâchées, les policiers nous expliquant que de tels délits ne sont pas retenus par le Ministère public, qui a d’autres chats à fouetter... Dans ces quartiers poussiéreux, non goudronnés, construits sur l’ancienne décharge municipale, vivent dans des maisons de cartons, où l’on étouffe l’été et où l’on gèle l’hiver, des milliers de personnes. Ce sont les employés des fameuses « maquiladoras », ces usines de montage reines de la délocalisation mondiale. Elles emploient un personnel essentiellement féminin qui travaille de 8 à 10 heures par jour pour un salaire de misère, entre 3 et 5 euros). Dans ces quartiers, la peur est omniprésente car les habitants doivent affronter les narcos, les voleurs et les policiers. « L’insécurité est totale, nous dit Elvira, j’ai peur pour mes filles qui ont été plusieurs fois suivies par une voiture grise. Elles doivent marcher 20 minutes a 5 heures du matin dans la nuit pour rejoindre le bus de la « maquiladora » et autant le soir lorsqu’elles reviennent. C’est une angoisse permanente. » Le syndrome des 368 femmes assassinées est toujours très présent. Partout dans la ville, des croix roses rappellent les meurtres impunis.

Ces crimes jamais élucidés

Pour Nohemi Almada, directrice du Programme de prévention de la violence contre les femmes, les choses ont beaucoup évolué. Des recherches ADN ont été effectuées pour déterminer à quelles familles remettre les ossements retrouvés dans les terrains vagues de la ville. Mais elle reste silencieuse sur la responsabilité des autorités, très corrompues. Les auteurs de ces assassinats multiples courent toujours, et les pressions sur les mères des filles disparues continuent. Marisela Ortiz, qui dénonce depuis des années à travers son ONG Nuestras hijas de regreso a casa (Nos filles de retour à la maison) les exactions de la police, des autorités judiciaires et municipales, vient de recevoir de nouvelles menaces de mort. Cette fois-ci parce qu'elle a « nui à l’image de Ciudad Juarez » en ayant donné des conseils à l’actrice américaine Jennifer Lopez, qui a tourné un film, avec Antonio Banderas, sur les mortes de Ciudad Juarez.

Le président Felipe Calderon a lancé le Plan Chihuahua pour rendre à la population sa tranquillité. Les 2 500 soldats déployés dans la ville présentent régulièrement prisonniers, arsenal et drogue confisquée, mais leurs résultats semblent insignifiants par rapport à la violence qui ne cède pas d’un pouce.

mardi 18 décembre 2007

La Corte Interamericana de Derechos Humanos demanda al Estado mexicano por tres casos de feminicidio

Sara Lovera
SEMlac


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) resolvió presentar una demanda contra el Estado Mexicano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por los casos de tres víctimas del feminicidio en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Se trata del primer caso ante la Corte Interamericana por la violación a los derechos humanos de las mujeres en Ciudad Juárez que se presenta ante este tribunal internacional, informó a SEMlac la abogada Karla Michel, quien desde hace cinco años promueve la justicia para una de las víctimas.

Michel explicó que, con esta demanda, las familias de tres asesinadas en el caso conocido como “Campo Algodonero” tendrán la posibilidad de acreditar, ante esta instancia internacional, las múltiples violaciones a los derechos humanos cometidas por el Gobierno Mexicano en relación con el feminicidio, por no cumplir sus recomendaciones.

La demanda contra México fue interpuesta el pasado 4 de noviembre ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un organismo independiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) con sede en San José, Costa Rica.

Será la primera ocasión en que esa instancia analice un caso de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, donde -según cifras oficiales- más de 352 mujeres fueron ultimaas en los últimos 14 años y también, por vez primera, examinará un caso cuyo tema central es la violencia de género, explicó la abogada Michel, actual asesora en violencia de género del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, capital de la República Mexicana.

Precisó que la CIDH actúa y recurre a la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando los Estados, como México, hacen caso omiso de las recomendaciones que ha establecido previamente en un informe de fondo. Hizo notar que México aceptó la competencia de la Corte Interamericana en 1998.

La demanda se refiere a casos que fueron presentados por separado, pero que están relacionados, por tratarse de la desaparición y el homicidio de tres mujeres en Ciudad Juárez, dos de ellas menores de edad, entre septiembre y noviembre de 2001.
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mercredi 12 décembre 2007

Mexique a 7 ans du PAN

Une violence omniprésente

RFI

Les femmes mortes de Ciudad Juarez sont enterrées souvent anonymement dans les cimetières des petits villages du désert.(Photo : Patrice Gouy / RFI)

Les femmes mortes de Ciudad Juarez sont enterrées souvent anonymement dans les cimetières des petits villages du désert.
(Photo : Patrice Gouy / RFI)

Au Mexique, la violence est partout : institutionnelle avec la corruption et l’absence d’un véritable Etat de droit, domestique avec plus de quatre femmes assassinées chaque jour, politique avec la lutte contre la drogue. Les causes de cette violence sont multiples et à rechercher sans doute dans l’histoire même du pays.

De notre correspondant à Mexico, Patrice Gouy

Les Mexicains n’ont plus confiance dans leurs institutions parce que l’État de droit, au cœur des promesses électorales, n’a pas été rétabli et que la réforme de l’Etat est en panne. En juillet 2000, le Mexique pensait avoir assuré son avenir démocratique en mettant un terme aux 71 ans de régime autoritaire et corrompu du PRI, le Parti révolutionnaire institutionnel.

Sept ans déjà ont passé, mais la société mexicaine a l’impression que le pays stagne. L’insécurité est toujours le premier souci de la population. Il y a quotidiennement 411 plaintes pour agression déposées dans la ville de Mexico et l’on risque sa vie pour trois fois rien : un téléphone portable, son portefeuille, un sac à main ou sa voiture si elle est neuve. Pour ne pas se faire assassiner, les gens ont appris à lever bien haut les mains et à donner ce qu’ils ont. La police n’est jamais là ou bien, complice, elle ferme les yeux ou touche son pourcentage.

Absence d’Etat de droit

Faute de justice, l’ordre social se dilue. Les automobilistes ne respectent plus le code de la route : c’est le plus fort qui passe ; la piraterie s’étale partout grâce à la corruption, les élèves de médecine achètent les résultats des examens de l’internat, le syndicat des professeurs vend les postes de l’Education nationale. Les hommes politiques se remplissent les poches. Tout le monde triche et il est illusoire de pouvoir rester dans la légalité. De ce fait, de nombreux conflits se règlent de manière radicale. Le Mexique a l’un des taux d’homicide les plus forts du monde. On dénombre 15 assassinats pour 100 000 habitants, dix fois plus que la moyenne européenne. La violence est partout, conséquence d’un grand déficit de justice.

Pour Elena Azoala, conseillère du procureur général de la République, professeur de sociologie, « les causes fondamentales de cette violence sont à associer aux énormes inégalités de la société. Non seulement il y a la pauvreté qui explique la violence, mais surtout l’écart qui existe entre ceux qui gagnent peu et ceux qui sont immensément riches. Il est effectivement incroyable que le Mexique ait 12 milliardaires en dollars et 60 % de sa population qui vit avec moins de 3 dollars par jour.

Il y a également un taux de chômage caché très élevé, et beaucoup de gens dont le salaire ne leur permet pas de vivre décemment. Ce monde qui vit dans une grande pauvreté fabrique des délinquants, en particulier chez les jeunes gens qui ne trouvent pas de travail et qui ne peuvent que s’orienter vers la criminalité liée à la drogue, au vol, à la prostitution, au piratage, à la contrebande, c'est-à-dire dans l’économie informelle.

La femme est la plus touchée

Plus de 7000 femmes et jeunes filles ont été assassinées entre 1999 et 2006. C’est le chiffre officiel et il ne prend en compte que les homicides. « Ce n’est malheureusement que la pointe de l’iceberg d’une violence généralisée, tolérée par l’Etat qui n’a jamais réformé quoique ce soit pour enrayer ce phénomène », souligne Marcela Lagarde de l’Union Internationale des Femmes, qui précise que « dans la majeure partie des cas, la justice n’a jamais trouvé un coupable ni réalisé une arrestation ».

Cette violence exercée contre les femmes trouve son paroxysme avec les mortes de Ciudad Juarez. Dans cette ville frontière, au nord du Mexique, se trouvent les usines maquiladoras, des usines tournevis qui emploient principalement de la main-d’œuvre féminine. Cinq cents jeunes femmes, pour la plupart célibataires, ont été retrouvées assassinées dans le désert tout proche, violées, mutilées, sans que le gouvernement de Vicente Fox ni celui de Felipe Calderon ne prennent les choses en main.

Maria Lopez Urbina, la juge spéciale nommée par Vicente Fox a repris un à un les dossiers, a interrogé les parents des victimes. Six mois plus tard, elle a remis ses conclusions au président signalant plus de 100 anomalies dans les rapports réalisés par la police, le ministère public et même les juges d’instruction. Elle a détecté quantité de négligences, d’omissions, d’obstructions à la justice et d’une manière constante, une immense corruption. Après avoir fourni cette liste accablante pour l’administration de la justice, Maria Lopez Urbina a été suspendue de ses fonctions… « C’est là que l’on mesure la violence institutionnelle ! », souligne Marcela Lagarde.

Violence culturelle

Certains parlent d’une violence culturelle qui trouve ses racines dans la brutalité de l’histoire mexicaine : trois siècles de colonisation espagnole, un siècle de dictature après l’indépendance, une révolution meurtrière suivie de 71 ans d’un régime autoritaire et corrompu.

Catherine Heau, professeur d’histoire à l’Ecole Nationale d’Anthropologie ne craint pas de souligner « qu’au Mexique, il n’y a jamais eu de distinction entre la police, la justice et les malfrats. C’est vraiment celui qui a de l’argent qui achète. Cette pratique est celle qui prévalait sous les gouvernements du PRI, mais celui-ci répartissait une partie du magot à sa clientèle électorale. Aujourd’hui, avec l’arrivée de la droite conservatrice au pouvoir, l’argent est toujours volé mais n’est plus redistribué : une des seules solutions proposée à la population est de passer de l’autre côté de la frontière.

Les cartels de la drogue

Sept cartels se partagent le Mexique pour acheminer, bon an mal an, entre 400 et 500 tonnes de cocaïne aux Etats-Unis et dix fois plus de marijuana.

Pour lutter contre ce fléau, depuis 2000 les gouvernements de la transition démocratique ont entrepris une guerre frontale contre le trafic de drogue. 25 000 trafiquants, dont plus d’une centaine de barons et opérateurs financiers, ont été arrêtés. Une situation qui peut se comparer à celle de la Colombie dans les années 1980 par le degré de pénétration des cartels dans la structure de l’État et pour la violence qu’ils génèrent.

Les CD des narco-corridos ne craignent pas les pochettes violentes.(Photo : Patrice Gouy / RFI)

Les CD des narco-corridos ne craignent pas les pochettes violentes.
(Photo : Patrice Gouy / RFI)

Les affrontements des cartels ont été fortement médiatisés, car ils sont généralement très spectaculaires : règlements de compte en pleine rue, décapitations, fusillades sanglantes, saisies fabuleuses de millions de dollars ou de tonnes de cocaïne. Une violence qui fascine certaines couches de la société et qui a donné naissance à une narco-culture avec ses emblématiques narco-corridos, des romances qui chantent les exploits des trafiquants de drogue et banalisent la violence en racontant les affrontements entre bandes de trafiquants, le sang pour le sang.

Pour Catherine Heaux, spécialiste des narco-corridos cette banalisation est très grave : « Il y a un retour en arrière de tout ce que la société avait gagné en politique. Ces chansons, vendues à des millions d’exemplaires, valorisent la violence, le macho, la corruption, l’argent, la réussite individuelle et sans aucune morale, et renvoient à un univers social où plus rien n’est choquant. Cela signifie que tout le travail qui a été fait pour démocratiser le Mexique ne trouve aucun écho chez ces gens. C’est un retour au fatalisme : il vaut mieux vivre comme un roi pendant cinq ans que pauvre pendant 55 ans. »

jeudi 29 novembre 2007

Partie de chasse à Ciudad Juárez

On avait deja publie quelque chose sur ce sujet (ici, ici et ) mais un autre article apparu dans Le monde diplomatique sur le livre de Sergio González Rodríguez à propos des mortes de Juárez:

Partie de chasse à Ciudad Juárez

« A l’automne 1998, le corps d’une femme âgée d’une vingtaine d’années fut retrouvé dans une décharge de Ciudad Juárez. Les autorités avaient déjà découvert des cadavres à cet endroit. Comme la plupart des autres mortes, la dernière victime était une femme mince aux cheveux longs. » Ciudad Juárez, « excès de gens, excès de désert », carrefour de l’économie mondialisée où l’industrie de sous-traitance transnationale exploite une main-d’œuvre féminine bon marché, est l’un des plus grands pôles humains de la frontière Mexique - Etats-Unis (côté mexicain), le lieu de tous les dangers et de tous les vices.

Aussi prenant qu’un roman de série noire américain, le livre de Sergio González Rodríguez est une non-fiction littéraire qui met en scène un Mexique authentique et aussi réel que les victimes elles-mêmes. Des femmes assassinées selon le même scénario depuis quatorze ans : enlèvement, torture, sévices sexuels, mutilations et strangulation. Entre 1993 et 2007, près de cinq cents femmes ont connu le même sort, et des centaines d’autres sont toujours portées disparues (à mesure que les enquêtes s’intensifient, les corps retrouvés diminuent).

Au départ, il s’agirait de l’œuvre d’un psychopathe « tueur en série », mais un tel nombre de victimes, un tel acharnement, un tel sadisme barbare soulèvent des interrogations. S’agit-il de rituels sataniques ? De sacrifices humains pour le tournage de snuff movies (1) ? D’assassins qui tuent pour s’amuser ? D’un vaste trafic d’organes ou d’orgies perverses de narcotrafiquants ? Et si les prédateurs avaient fait de la misogynie une normalité ? « S’approprier le sexe féminin, torturer et disposer d’un corps relève ainsi d’une stratégie sexiste où le crime devient une forme d’érotisme. »

Au départ, le journaliste avance dans le noir. La multiplicité des éléments complique sa tâche pour assembler et reconstituer la réalité des faits. Puis, la découverte de huit corps aux alentours de ranchs appartenant aux narcotrafiquants éclaire les liens entre les homicides et la mafia. Elle-même liée au pouvoir local, aux autorités policières et aux plus hautes sphères du pouvoir. A mesure que le lecteur progresse, les liens entre la politique, la police, le crime organisé et les institutions judiciaires deviennent évidents. Intégrés politiquement, les narcotrafiquants sont protégés institutionnellement, récupérés économiquement et légitimés socialement. Un réseau de complicités se trouve ainsi au cœur de la question où « tous tirent les avantages de secrets partagés ».

Ecrivain et journaliste mexicain, auteur, entre autres, de La Noche oculta, El Momento preciso et Luna, luna, Sergio González Rodríguez, conseiller éditorial et chroniqueur pour les quotidiens La Jornada et La Reforma de Mexico, livre avec Des os dans le désert un témoignage littéraire. Son livre est un récit froid en hommage aux victimes, un travail risqué – l’auteur fut victime d’un attentat en 1999 – d’autant plus précieux et nécessaire que le silence et l’indifférence des autorités et de la société font de Ciudad Juárez un lieu où « la femme est un être qu’on peut frapper et violer à loisir ».

Paola Orozco

Des os dans le désert, de Sergio González Rodríguez, traduit de l’espagnol par Isabelle Gugnon, Passage du Nord-Ouest, Albi, 377 pages, 23 euros.

(1) Les snuff movies (ou snuff films) sont des films courts qui mettent en scène un meurtre (supposé) réel, parfois précédé de pornographie avec viols de femmes ou d’enfants.

vendredi 16 novembre 2007

Muertas de Juarez un sujet qui derange

Quand la réalité devient pire que la fiction, et si parfois la fiction choque la réalité n’a pas des limites.

Ca fait quelques semaines dans le cadre des Belles latinas, Sergio González Rodríguez
journaliste, écrivain et scénariste a présente son livre: des os dans le désert. Sur « las muertas de Juarez » des centaines des femmes tues en toute impunité. Réalité effrayante qui devient une énigme dont le crime, la maladie, l’injustice et l’impunité se mêlent devant l’impuissance des familles et d’un peuple qui réclame justice et les autorités répondent avec l’intimidation.

Ce reconnu journaliste, qu’a eu le courage d’investiguer un sujet troublant et parfois oublie les mortes de Juarez, il a agresse ce qui l’a valu un stage à l’hôpital, grièvement blesse il s’est en sorti et sa voix n’a pas été silence.

Les mortes de Juarez

Un article:

Trois cents crimes parfaits

Tueurs de femmes à Ciudad Juárez

C’est peut-être l’affaire la plus abominable de l’histoire criminelle de tous les temps. A Ciudad Juárez, ville frontière du nord du Mexique, jumelle d’El Paso (Texas), plus de 300 femmes ont été assassinées selon un rituel immuable : enlèvement, torture, sévices sexuels, mutilations, strangulation. Depuis dix ans, au rythme moyen de deux cadavres par mois, des corps de femmes, d’adolescentes et de fillettes, nus, meurtris, défigurés, sont découverts dans les faubourgs de la ville maudite. Les enquêteurs les plus sérieux pensent qu’il s’agit de l’oeuvre de deux « tueurs en série » psychopathes. Mais qui demeurent introuvables...

Par Sergio González Rodríguez

Une des plus terrifiantes nouvelles de la littérature contemporaine raconte l’histoire d’un vampire qui, dans un camp de concentration, saigne l’un après l’autre ses compagnons d’infortune. Cette effrayante fiction s’intitule D’entre les morts, et ses auteurs, Gardner Dozois et Jack Dann, bataillèrent dur pour la faire publier aux Etats-Unis en 1982 : aucune revue de science-fiction n’osait la proposer à ses lecteurs. Elle était d’une imagination trop malsaine et excessivement atroce.

Si ce récit de vampires nous choque, sans doute est-ce parce que nous vivons dans un monde à peu près normal où de telles horreurs n’arrivent pas souvent. Cette histoire nous semblerait banale, en revanche, si nous vivions dans un univers où les pires crimes étaient acceptés : par exemple, séquestrer, violer, torturer, tuer... Un monde où les policiers protégeraient les assassins, seraient leurs complices, feraient accuser des innocents et menaceraient, voire élimineraient tout enquêteur... Un monde à l’envers, où les autorités fermeraient les yeux, les criminels seraient libres et les innocents martyrisés. Bref, un cauchemar. A un détail près : ce monde d’horreur est vrai, il fait partie de la réalité du Mexique. Aussi vrai que les victimes, les preuves et les témoignages que j’ai accumulés depuis de longues années.

La scène d’un des plus stupéfiants mystères criminels de tous les temps se nomme Ciudad Juárez, dans l’Etat de Chihuahua, à la frontière avec les Etats-Unis. Sa population, 1 300 000 habitants, est l’otage d’assassins sans visage. Ce qui s’y passe est une insulte aux droits humains. Depuis 1993, plus de 300 femmes y ont été enlevées, violées et assassinées. La majorité de ces femmes avaient des caractéristiques communes : une centaine au moins étaient issues de milieux pauvres, presque toujours ouvrières, toutes étaient menues, brunes et avaient les cheveux longs. La plupart n’ont pu être identifiées, toutes ont été victimes de violences sexuelles, et, sans exception, elles furent toutes étranglées...

Certains cadavres ont été trouvés dans des quartiers du centre-ville, d’autres découverts dans des terrains vagues de banlieue, mais une chose est sûre : toutes ont été tuées ailleurs, après avoir été parfois séquestrées pendant des semaines.... Le modus operandi des assassins est identique à celui des tueurs en série. Les meurtres se répètent, se ressemblent, les sévices sont les mêmes et concernent non seulement des femmes adultes, mais également des adolescentes, et même des fillettes d’à peine 10 ou 12 ans.

Pour toutes les femmes, Ciudad Juárez est devenu l’endroit le plus dangereux du monde. Nulle part, pas même aux Etats-Unis, où les serial killers sont légion, les femmes ne sont autant menacées. Dans le reste du Mexique, sur dix victimes de meurtres, une seule est une femme. A Ciudad Juárez, sur dix personnes assassinées, quatre sont des femmes... Et la série de crimes ne risque pas de s’arrêter, car, selon les Nations unies, l’impunité au Mexique est quasi totale.

Il n’existe qu’une arme pour combattre un tel fléau : la mémoire, le témoignage. Je ne me suis jamais senti aussi bouleversé qu’en me rendant sur les lieux où on a découvert les cadavres : c’était comme une quatrième dimension, un sentiment d’effroi à mi-chemin entre la réalité et l’hallucination.

Directrice d’une association contre la violence domestique, Mme Esther Chávez Cano pense que les meurtres vont se poursuivre, l’incompétence des autorités étant évidente. Pourtant, la police a arrêté un individu du nom de Jesús Manuel Guardado Márquez, alias « El Tolteca », ainsi que la bande de « Los Chóferes », accusés d’être les assassins. Mais ces arrestations n’ont pas modifié la conviction de Mme Chávez : « C’est un leurre. Ça ne change rien à la situation, les crimes vont continuer comme après l’arrestation de la bande de Los Rebeldes. A l’époque, on nous avait dit que c’étaient eux, les meurtriers. On a cru qu’on en avait fini avec ce cauchemar. Et regardez, on continue de trouver des cadavres de femmes violées, torturées... »

Selon Mme Chávez, cette situation est la répétition de celle de 1995 : la police avait alors arrêté un chimiste d’origine égyptienne, Abdel Latif Sharif Sharif, et l’avait accusé des crimes. Peu après, elle avait capturé une bande de jeunes malfrats, Los Rebeldes, complices supposés de Sharif Sharif.

Sharif Sharif est toujours détenu dans le quartier isolé de la prison de haute sécurité de Chihuahua, capitale de l’Etat. Accusé du meurtre d’une adolescente, Elisabeth Castro García, il a été condamné à trente ans de réclusion au terme d’un procès truffé d’irrégularités et en cours de révision. Quant à ses liens avec Los Rebeldes, les autorités ne sont jamais parvenues à les établir...

En utilisant le téléphone de la prison, Sharif Sharif a pris le risque d’interpeller, en 1999, le procureur général qui participait, en direct, à une émission télévisée. Il a clamé son innocence, affirmé sa certitude de n’être qu’un bouc émissaire et a mis le procureur au défi de le soumettre au détecteur de mensonges. Furieuses, les autorités ont placé l’Egyptien au secret... Son avocate, Mme Irène Blanco, a été menacée de mort, mais ne s’est pas laissé intimider. Son fils, Eduardo, a été la cible d’un attentat et a survécu par miracle. Mme Blanco a dû abandonner la défense de Sharif Sharif et a quitté la ville...

Selon le criminologue Oscar Máynez, au moins 60 assassinats commis entre 1993 et 1999 ont été conçus « sur le même modèle ». Il estime qu’il s’agit de meurtres exécutés par deux tueurs en série distincts. En 1998, le célèbre super-détective américain Robert K. Ressler, as du FBI, inventeur de l’expression « serial killer » et de la technique du « profilage » des tueurs en série (1), qui fut expert-conseil pour le film Le Silence des agneaux, de Jonathan Demme, est venu à Ciudad Juárez enquêter sur ces trois cents crimes. Dans son rapport, Ressler affirme que la plupart des meurtres de femmes sont bien l’oeuvre de deux serial killers qui ne seraient pas, selon lui, mexicains, mais, plus probablement, espagnols... ou chicanos des Etats-Unis. En 1999, l’une des plus grandes expertes mondiales en criminologie, Candice Skrapec (2), de l’université de Californie, confirma qu’environ 90 des meurtres avaient sans doute été commis par un ou deux tueurs en série. Elle pensait qu’Angel Maturino Reséndez (3), le fameux « assassin des chemins de fer », pouvait en être l’un des auteurs.

Lire la suite: Tueurs de femmes à Ciudad Juárez, par Sergio González Rodríguez (Le Monde diplomatique)

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Autre article:
www.voltairenet.org/article125121.html