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LE NOUVEAU GOUVERNEMENT MEXICAIN EST ENTRE EN GUERRE SAINTE CONTRE SON PROPRE PEUPLE. ARRESTATIONS ARBITRAIRES D'HOMMES POLITIQUES COMME DE SIMPLES PASSANTS QUI AVAIENT LE MALHEUR DE SE TROUVER AU MAUVAIS ENDROIT AU MAUVAIS MOMENT, GENERALISATION DU VIOL DES PRISONNIERES, DE LA TORTURE Y COMPRIS SUR DES ENFANTS DE HUIT A DOUZE ANS , CENSURE DE TOUTE OPPOSITION... LA LUTTE NE FAIT QUE COMMENCER. El nuevo gobierno mexicano a entrado en guerra santa contra su propio pueblo. Imposición, traición, doble discurso, ruptura del pacto social, ningún respeto por los derechos humanos con la consiguiente tortura, prisión, muerte de luchadores sociales e inocentes. Censura y desprecio por la cultura y la educación.... LA LUCHA COMIENZA.
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mardi 16 septembre 2008

La invención del miedo





Resulta inquietante que Afganistán aparezca una y otra vez en los escenarios calculados para la conflagración “definitiva” entre el bien y el mal. En la ficción pura, con relativa frecuencia (por ejemplo, Iron Man). En la realidad (o ficción impura) creada por el poder de Wa-shington, aparece permanentemente desde los años 80. Es el escenario del miedo.

Pero el logro del siglo lo constituye el éxito de los dueños del poder nuclear, los neoconservadores (neo-con) que se apoderaron de Washington al traer el miedo a casa (la de sus votantes, reclutas y consumidores de sus mentiras). Tomaron el gobierno para calentar el dedo sobre el botón rojo.

Desde la pasada guerra fría de Ronald Reagan vienen inventando cuentos (“fantasías” la mismísima CIA dixit una y otra vez, y mira quién habla), y tal vez ya se los creyeron. La banda que rodea a George W. Bush no es de iluminados, pero se comporta como si lo fueran. El documental El poder de las pesadillas. El ascenso de la política del miedo, de Adam Curtis (BBC, 2004) describe de manera muy didáctica tal “asalto” al poder estadunidense.

Se identifica usualmente a sus miembros como discípulos del extravagante filósofo ultra conservador Leo Strauss, y se les llama “neo straussianos”, al atribuirles una consistencia filosófica que no tienen ni pretenden tener. Los Rumsfeld, Wolfowitz, Chenney, Pearle, Ashcroft, Ridge o Irving Kristol son ambiciosos, cínicos e impunes. Con engaños destruyen naciones enteras. Y son eficaces en su renovación de generacional (Karl Rove, William Kristol, Sarah Palin).

Su secreto capital no es la industria bélica en sí, ni el suministro energético, ni el mercado global bajo sus patrones de consumo. La industria básica es el miedo, que los transforma en “valientes” defensores de su país. “Déjate cuidar, yo te quito a los terroristas (antes comunistas) del camino”.

Con la franquicia “Al Qaeda” construyeron una fantasía sensacional. De un grupo casi inexistente montaron al Gran Satán, con “células durmientes” hasta en Disneylandia y cómplices en “50 o 60 países”. Inflaron a Osama Bin Laden. Y mordió el anzuelo. Sabían con quién trataban; él y sus jihadistas o freeedom fighters despegaron de la mano de ellos, los estadunidenses que antes los contrataron para fastidiar soviéticos. En Afganistán, dónde más.

Con el tiempo, e indigestos del Corán, los jihadistas se fueron clavando en depurar la “inmoralidad” del mundo. Y concluyeron, en espejo, que el Gran Satán es Estados Unidos (y su impacto en los propios países islámicos, “podridos” por la influencia occidental). Una vez conseguido el odio jurado de los jihadistas, el poder de Washington procedió a instaurar una guerra sin fin contra quién sabe quién, allá lejos, en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán, desde que el 11 de septiembre de 2001 se sacó la lotería.

Impermeables a todo, y alcanzados como todos nosotros por evidencias terrestres irrefutables, como el calentamiento global (esa cadena de colapsos ambientales que ellos interpretan como “la mano de Dios”), los neo-con tienen una corta visión del futuro. Mientras haya profit de por medio, vale la pena llevar la mierda hasta la virginidad de Alaska. La gente que les cree supone que estos neo-con les cuidan el futuro, aunque bombardeen inaccesibles montañas en Tora Bora (hasta el nombre es peliculesco). También bailes pueblerinos en Afganistán, Pakistán o Irak, pero eso no lo televisan. Y esporádicos los enfrentamientos directos con la resistencia iraquí o talibán.

Con calculada eficacia, los neo-con se aseguraron de armar adecuadamente al Satán en turbante. Para que tuviera parque. Si no, ¿cómo escalar la fabricación de armas, la militarización extensiva, la bonanza de Lockhead Martin?

Pero los pueblos que habitan los desiertos del “mal” no cuentan ni a la hora de levantar sus cuerpos. Nadie les pide su opinión. Tanto Washington como los jihadistas los reducen a “daño colateral” o población a ganar (mentes y corazones). Aunque al menos el imperio parece poco interesado en ganar afganos; en Vietnam y Guatemala lucía más entusiasta.

De momento el blanco está en Teherán, y el Cáucaso revienta. Pero en la temible ficción de Washington, Afganistán es la última reserva del miedo.

vendredi 1 février 2008

El decretito
Luis Javier Garrido

El gobierno de facto está empeñado en su segundo año en generar un escenario de violencia en el país, sin importarle hundirse cada vez más en la ilegalidad, con tal de poder tender una cortina de humo que le permita aplicar los programas neoliberales que le exigen desde el exterior.

1. La decisión de Los Pinos de “institucionalizar” el papel ilegal que ha venido asumiendo el Ejército Mexicano, forzado por la administración espuria de Felipe Calderón a lanzarse en operativos antinarcóticos en las zonas urbanas a fin de generar un clima de violencia que amedrente a la población, tal y como se decreta en el Programa Sectorial de Defensa Nacional publicado en el Diario Oficial del 24 de enero, anuncia que quienes toman las decisiones en México preparan un escenario de violencia cada vez mayor para lo que resta del sexenio, a fin de poder sacar adelante sus políticas.

2. La pretensión de que el país se halle “militarizado” por lo menos hasta 2012, evidencia que el gobierno espurio se ha asumido como un gobierno de trámite, que en función del objetivo de algunas multinacionales a las que se halla sometido no tiene otro proyecto que el de desmantelar al Estado nacional y dejar a los panistas en el poder en 2012, lo que presupone antes obtener la mayoría en la Cámara de Diputados en 2009, y para eso las fuerzas armadas le están sirviendo de manera estupenda.

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lundi 28 janvier 2008

Miedo y dominación

Carlos Fazio


(...)


Tras la autodisolución de la Unión Soviética (1989), a la par del neoliberalismo, Washington impulsó la “guerra” a las drogas: el narcotráfico como sustituto del fantasma comunista. El 11 de septiembre de 2001 dio a la administración de Bush la oportunidad para un golpe de Estado técnico en Estados Unidos y la imposición de la Ley Patriótica. Y con el uso de la mentira como arma de guerra invadió Afganistán e Irak. Asimismo, inició la “guerra contra el terrorismo”, como enemigo unificador.

Si la Doctrina de Seguridad Nacional fue un instrumento ideológico-militar apto para contrarrestar los movimientos de liberación nacional en los años 60/70, hoy, tras la larga noche de la dictadura del pensamiento único neoliberal, el imperio, las oligarquías vernáculas y sus administradores cipayos han venido trabajando en la construcción social del miedo y de los nuevos enemigos internos para imponer su modelo de dominación.


Los tres ejes claves para la construcción del miedo y remilitarizar el nuevo Estado autoritario son el terrorismo, incluido el eje del mal, con Cuba y Venezuela a escala regional; el populismo radical (Hugo Chávez, Evo Morales, López Obrador), y el crimen organizado. Mediante esos enemigos míticos, elusivos e impredecibles –que actúan de distractores administrados y potenciados por los medios de difusión masiva como propagandistas de la “razón de Estado”– el sistema busca legitimar el uso de la fuerza y genera de facto un Estado de excepción provisto de nuevas leyes de carácter represivo que recortan las garantías individuales y colectivas.

El nuevo Estado militarizado se presenta como el “salvador” y, según dice Robinson Salazar, con el juego de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado “encarcela a la sociedad”. Nos vigila. Limita los espacios públicos. Invade la privacidad de la persona. Impone leyes antiterroristas a imagen y semejanza de la Ley Patriótica. Discrimina. Fomenta la delación. El no te metas.

El miedo construye escenarios de riesgos en la subjetividad colectiva y altera la vida cotidiana mediante la angustia, el temor y una sensación de peligro latente. Ante el temor de la sociedad, y como forma de fomentar la fragmentación social y el individualismo, de erosionar la vida comunitaria y la solidaridad, el sistema genera imaginarios de exclusión: guetos, barrios amurallados en fraccionamientos con seguridad privada.

La imposición de un nuevo modelo policial-militar está en función de objetivos económicos que tienden a cristalizar a través de megaproyectos regionales como el Plan Colombia-Iniciativa Andina, el Plan Puebla-Panamá y la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana. Elaborados por el Banco Mundial y el BID, tales proyectos sirven a grandes corporaciones multinacionales. Vienen por el petróleo, el gas natural, el agua de los ríos para generar electricidad, el uranio, la biodiversidad. Buscan generar corredores multinodales para extraer por tierra, mar y aire nuestros recursos e inundar nuestros mercados con sus productos. Tales proyectos se inscriben en lo que John Saxe-Fernández ha llamado la “geopolítica del desalojo”: promueven la contrarreforma agraria y el vaciamiento forzoso de tierras, muchas veces por medio del paramilitarismo y/o empresas de “contratistas privados” compuestas por mercenarios.

(...)

La construcción del miedo y la fabricación de nuevos enemigos –incluida la enésima “guerra” contra el narcotráfico– sirven al gran capital. En función de ello necesitan legitimar la “mano dura” y aterrizar las armas de la Iniciativa Mérida para reprimir al pueblo, que se viene organizando desde debajo de múltiples maneras, acumulando fuerza, elaborando proyectos alternativos. Es porque el pueblo avanza en conciencia y organización que los que mandan necesitan militarizar más al Estado.

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