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LE NOUVEAU GOUVERNEMENT MEXICAIN EST ENTRE EN GUERRE SAINTE CONTRE SON PROPRE PEUPLE. ARRESTATIONS ARBITRAIRES D'HOMMES POLITIQUES COMME DE SIMPLES PASSANTS QUI AVAIENT LE MALHEUR DE SE TROUVER AU MAUVAIS ENDROIT AU MAUVAIS MOMENT, GENERALISATION DU VIOL DES PRISONNIERES, DE LA TORTURE Y COMPRIS SUR DES ENFANTS DE HUIT A DOUZE ANS , CENSURE DE TOUTE OPPOSITION... LA LUTTE NE FAIT QUE COMMENCER. El nuevo gobierno mexicano a entrado en guerra santa contra su propio pueblo. Imposición, traición, doble discurso, ruptura del pacto social, ningún respeto por los derechos humanos con la consiguiente tortura, prisión, muerte de luchadores sociales e inocentes. Censura y desprecio por la cultura y la educación.... LA LUCHA COMIENZA.
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jeudi 19 mars 2009

el documental de No Logo

Vecindad grafica


samedi 22 novembre 2008

Elogio a una turbulenta transición

Naomi Klein
http://naomiklein.org

Mientras más detalles son revelados, más obvio resulta que el manejo de Washington del rescate de Wall Street no solamente es incompetente. Raya en lo criminal.

En un momento de gran pánico, a finales de septiembre, el Departamento del Tesoro estadunidense promovió de manera unilateral un cambio radical en los impuestos pagados por las fusiones de bancos, un cambio que la industria durante mucho tiempo buscó obtener. A pesar de que esto privará al gobierno de hasta 140 mil millones de dólares en ingresos fiscales, los legisladores se enteraron ya que estaba consumado el hecho. Según The Washington Post, más de una docena de abogados fiscales coincidieron en que “no era competencia del Departamento del Tesoro emitir una notificación [de un cambio fiscal]”.

También son de dudosa legalidad los acuerdos de activos que el Departamento del Tesoro negoció con muchos de los bancos de Estados Unidos. Según el congresista Barney Frank, uno de los arquitectos de la legislación que permite los acuerdos, “cualquier uso de estos fondos para un propósito distinto a los préstamos (para bonificaciones, para indemnizaciones por despido, para dividendos, para adquisiciones de otras instituciones, etcétera) es una violación de la ley”. Sin embargo, así es como se están usando los fondos.

Luego están los casi 2 billones de dólares que la Reserva Federal entregó como préstamos de emergencia. Resulta increíble que la Reserva Federal no haya revelado qué corporaciones han recibido estos préstamos o qué ha aceptado en garantía. Bloomberg News opina que este secreto viola la ley y ha presentado una demanda federal para que se dé a conocer la información.

A pesar de toda esta potencial delincuencia, los demócratas defienden la administración o se rehúsan a intervenir. “Sólo hay un presidente a la vez”, escuchamos decir a Barack Obama. Es cierto. Pero cada privilegiado acuerdo del débil periodo final de la administración de George W. Bush amenaza con menguar la habilidad de Obama de cumplir con su promesa de un cambio. Por mencionar un caso, los 140 mil millones de dólares ausentes del ingreso fiscal son casi el monto programado para el programa de energías renovables de Obama. Éste le debe a la gente que lo eligió llamarlo por su nombre: un sigiloso intento de minar el proceso electoral. Sí, sólo hay un presidente a la vez, pero ese presidente necesitaba el apoyo de demócratas con poder, incluyendo a Obama, para que se aprobara el rescate. Ahora que queda claro que la administración de Bush está violando los términos que ambos partidos acordaron, los demócratas no sólo tienen el derecho, sino la grave responsabilidad de intervenir enérgicamente.

Sospecho que la verdadera razón por la cual los demócratas hasta ahora han fracasado en tomar acción tiene menos que ver con el protocolo presidencial que con el miedo: miedo de que la bolsa de valores, que tiene el temperamento de un niño consentido de dos años de edad, hará otro de sus berrinches capaces de sacudir al mundo. Revelar los nombres de quiénes reciben los préstamos federales, nos dicen, podría provocar que el irritable mercado apueste en contra de esos bancos. Si cuestionas la legalidad de los acuerdos de activos pasa lo mismo. Si retas el regalo fiscal de 140 mil millones de dólares podría pasar lo mismo. “Ninguno de nosotros quiere ser culpado de arruinar estas fusiones y crear una nueva Gran Depresión”, explicó un asesor legislativo que mantuvo el anonimato.

Los demócratas, incluyendo a Obama, parecen pensar que la necesidad de calmar al mercado debería gobernar todas las decisiones económicas clave en el periodo de transición. Ésta es la razón por la cual, justo días después de la eufórica victoria del “cambio”, el mantra repentinamente cambió a “una suave transición, sin complicaciones” y “continuidad”.

Tomemos como ejemplo la elección del jefe de equipo. A pesar de que los republicanos cacarean acerca de que es ferozmente partidista, Rahm Emanuel, el demócrata de la Cámara baja que recibió la mayor cantidad de donativos del sector financiero, envía un indudable mensaje tranquilizador a Wall Street. Cuando se le preguntó en This week with George Stephanopoulos [Esta semana con George Stephanopoulos, en ABC News. N de la T] si Obama entraría rápido en acción para incrementar los impuestos de los ricos, como prometió, Emanuel deliberadamente no contestó.

Esta misma lógica de consentir al mercado debería, nos dicen, guiar la elección del secretario del Tesoro. Stuart Varney, de Fox News, explicó que tanto Larry Summers, quien tuvo ese cargo bajo la administración de Bill Clinton, como el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker “darían gran confianza al mercado”. Aprendimos de Joe Scarborough, de MSNBC, que Summers es el hombre “que a la Calle [se refiere a Wall Street. N de la T] más le gustaría”.

Que quede claro por qué. “La Calle” ovacionaría la asignación de Summers por la misma razón que el resto de nosotros deberíamos temerla: porque los corredores de bolsa asumirán que Summers, campeón de la desregula- ción financiera durante la administración de Clinton, ofrecerá una transición tan suave que prácticamente ni cuenta nos daremos de que ocurrió. En cambio, alguien como Sheila Bair, presidenta de la FDIC [la agencia federal de seguro de depósitos], despertaría miedo en la Calle, por todas las razones correctas.

Sabemos una cosa con certeza: que el mercado reaccionará con violencia a cualquier señal de que hay un nuevo sheriff en el pueblo que podría imponer regulaciones serias, invertir en la gente y suspender el dinero gratuito a las corporaciones. En pocas palabras, se puede confiar en que los mercados voten exactamente en el sentido contrario del que los estadunidenses acaban de hacerlo. (Una reciente encuesta de USA Today/Gallup encontró que 60 por ciento de los estadunidenses está muy en favor de imponer “regulaciones más estrictas a las instituciones financieras”, mientras que sólo 21 por ciento está en favor de apoyar a las empresas financieras.)

No hay manera de reconciliar el voto del público por un cambio con el clamor del mercado por más de lo mismo. Las buenas noticias son que una vez que quede claro que las nuevas reglas se aplicarán a todos los niveles y con imparcialidad, el mercado se estabilizará y se ajustará. Además, esta turbulencia no puede ser más oportuna. En los pasados tres meses, nos han conmocionado tan frecuentemente que la estabilidad del mercado sería una mayor sorpresa. Eso le da a Obama una ventana para ignorar los llamados en favor de una transición sin dificultades y para primero hacer lo difícil. Pocos lo podrían culpar de una crisis que claramente comenzó antes o echarle la culpa por cumplir con los deseos del electorado. Mientras más se espere, sin embargo, más se diluyen las memorias. A la hora de transferir el poder de un régimen funcional y digno de confianza, todos favorecen una transición suave. Cuando se sale de una era marcada por la delincuencia y por una ideología en bancarrota, un poco de turbulencia al principio sería una muy buena señal.

© Naomi Klein 2008

Traducción: Tania Molina Ramírez

vendredi 25 janvier 2008

Partir el texto en columnas
Reseña del libro de Naomi Klein, La doctrina del shock
Poder, pasión y neoliberalismo

Rebelión
Walden Bello
Sin Permiso

El capitalismo del desastre y la acumulación por desposesión presentan un orden capitalista que ya no busca la hegemonía ideológica, sino imponerse mediante la fuerza bruta, y esto no es sostenible. Walden Bello habla del nuevo libro de Naomi Klein.

La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre de Naomi Klein es admirable. Esto no es, sin embargo, inmediatamente evidente, algo que confirma la crítica del libro hecha por Joseph Stiglitz. Incluso antes de leerla, estaba seguro de que un premio Nobel destacaría el intento de Klein por relacionar los experimentos de electroshock llevados a cabo por el conocido psicólogo de la Universidad McGill Ewen Cameron -quien estaba contratado por la CIA- y el enfoque del shock económico desarrollado por Milton Friedman en la Universidad de Chicago.

Y desde luego, lo hace, pero en el típico estilo que adoptan las reseñas de libros del New York Times que no se atreven a manifestar demasiado entusiasmo por un libro que viene de la izquierda, no sea que provoque a los siempre atentos perros guardianes de la derecha y le cuestionen las credenciales a uno. Stiglitz, de hecho, sugiere desde la primera frase que el análisis de Klein puede que adolezca de teoría de la conspiración: "No existen accidentes en el mundo como los que ve Naomi Klein." El premio Nobel tiene algunas cosas positivas que decir sobre el libro, pero las neutraliza dejando caer en una frase que Klein "no es un académico y no debe ser juzgada como tal." En cuanto al concepto central de capitalismo del desastre, es mencionado en una ocasión, pero por lo demás ignorado. Todo se queda en una crítica negativa acompañada de un ligero elogio.

La escuela de editores de Nueva York dice que ganas o pierdes a tu público en las primeras páginas, pero sea cual sea la razón para mencionar los experimentos de Cameron al principio del libro y sugerir que existe una relación entre la génesis del tratamiento de electroshock de Cameron y el enfoque de las políticas económicas de la Escuela de Chicago, se trata de una mala decisión por parte de Klein y sus editores. Lo que es un obviamente un deliberado recurso dramático se arriesga a conseguir justamente lo contrario. Los entusiastas de la teoría de la conspiración se entusiasmarán con ello, pero no el público crítico y exigente al que se dirige el libro.
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mardi 18 décembre 2007

La paz en el mundo y el capitalismo son incompatibles, afirma Naomi Klein

Jornada

Sostiene que los movimientos en AL son inspiración para todos los luchadores sociales

El subcomandante Marcos subraya que las guerras crean las mejores condiciones para que los poderosos hagan negocios millonarios

Reconocen trabajos de Pablo González Casanova

Hermann Bellinghausen (Enviado)

San Cristóbal de las Casas, Chis. 17 de diciembre. “La paz es anticapitalista”, dijo aquí Naomi Klein. “Es el capitalismo el que quiere la guerra”. En su descripción del “capitalismo del desastre”, que es el debate que la autora anima estos días, la experiencia de los pueblos latinoamericanos ofrece una salida. Aquí “la resistencia no ha cesado”.

En un ejercicio autocrítico de extremo rigor, la periodista habló de otro desastre: el del “movimiento de movimientos” que sacudió las ciudades de Estados Unidos y Europa a finales de la década pasada, de Seattle a Génova. Parecía ascender una nueva alternativa anticapitalista desde el centro del poder, pero se desbandó y extravió tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, el “punto de crisis” de las esperanzas de que otro mundo era posible.

Agradeció a los zapatistas por “seguir resistiendo”, y reconoció que los movimientos de Latinoamérica son la mayor fuente de inspiración para los luchadores sociales del mundo. “No es coincidencia que los pueblos indígenas sean la base de las resistencias al desastre”. Sin cargar mucho la tinta en lo apocalíptico, Klein señaló: “nunca ha sido más importante la lucha por la tierra. El capitalismo nos lleva por un camino suicida. No se trata de una más de sus crisis. Nos puede llevar al colapso de la vida”.

En el mundo del mercado, “el último lujo en venta será la sobrevivencia”. Durante la sesión final del coloquio sobre movimientos antisistémicos, la “periodista infiltrada en los movimientos sociales”, como se define, cuestionó la súbita debilidad de la resistencia antiglobalización, que obliga a los activistas de Estados Unidos a ser “mineros de la inspiración” que necesitan buscarla, como sus antepasados lo hicieron con el oro y la plata, en las tierras del sur.

Los zapatistas y los Sin Tierra de Brasil poseen “la fuerza poderosa de la resistencia al shock” del capitalismo actual. Tienen memoria histórica y desconfianza en el Estado, y no experimentan la regresión, esa “otra arma del shock”. En Estados Unidos “pensamos que necesitamos el papá perdido hace tiempo”, tal como se promueve el precandidato republicano Rudi Guliani: “¿Te acuerdas de cuando era tu papito?”

Lejos de lo que Gore Vidal llamó “EUA: Estados Unidos de Amnesia”, los pueblos de Bolivia, Tailandia, México, Brasil e India sí recuerdan; no es la primera vez que sufren la embestida brutal de los imperios. “En Tabasco mucha gente no confía en que el Estado resolverá su problema”. Citó la respuesta popular a la crisis argentina, los bombazos de Madrid, el tsunami en Tailandia. Había memoria. “La resistencia empezó de inmediato”.

En su exposición, Klein recurrió constantemente al concepto de historias (stories). Los movimientos altermundistas se contaron historias de que podrían cambiar el mundo, y las creyeron. Vinieron los ataques terroristas, y mientras ellos “perdían confianza en sus historias”, el poder “nos contó nuevos cuentos: choque de civilizaciones, guerra al Islam, al terrorismo”, que “se diseminaron como virus” en Estados Unidos, Canadá y Europa. Espantaron con la tortura, con Guantánamo, “y nuestras coaliciones se desbandaron”.

La escritora expresó la necesidad “casi de pedir disculpas” a los zapatistas, “que no dejaron de resistir”. Tras identificarlos como la inspiración inicial del movimiento altermundista, Klein dijo que el EZLN llevó su mensaje más allá de las fronteras, pero “las resistencias no se exportan”, se construyen en cada lugar. Con base en su experiencia en Irak y en su propia tierra, Klein describió elocuentemente eso que enseguida Marcos definiría como el “cinismo” de las corporaciones y las potencias capitalistas. La guerra y los desastres como gran negocio. El aparente “fracaso” en Irak sólo sirve para cotizar a las empresas de seguridad, energía y guerra: el terremoto en Perú, la devastación de Nueva Orleáns, los incendios en California, el arrasamiento en Irak.

“La actual crisis del capitalismo no es su fin, sino el vehículo para que prosiga el avance corporativo”. Describió la zona verde de Bagdad como un modelo del futuro: los “paraísos” de los elegidos para después de la destrucción. Apuntó la fuerte unión entre capitalismo, imperialismo y las grandes religiones: todos venden el “escape de los elegidos” al paraíso de los “vueltos a nacer”, como el cristiano George W. Bush. Los pueblos indígenas no creen estas historias, “saben que no hay escape”, y tienen noción de su lugar. Por eso, dijo, “son sus historias las que todos necesitamos”.

Más tarde, en una conferencia de prensa con medios alternativos, Klein dijo que con los zapatistas, “you’re welcomed, but you don’t get a free ride”. (“Eres bienvenido, pero no te la ponen fácil”). Los reconoció como uno de los movimientos “más abiertos del mundo”, y “uno de los mas duros”, que “nos abrió la idea de un intercambio de solidaridad, de ida y vuelta”.

Durante la misma sesión se escuchó al doctor Pablo González Casanova y al subcomandante Marcos, quien coincidió con el análisis de Klein sobre el carácter belicista del capitalismo. “La guerra no es sólo una forma por la que se impone en la periferia. Paradójicamente, en la paz es más difícil hacer negocios”.

Según Marcos, el concepto de guerra en los análisis antisistémicos “puede ayudar a solidificar suelos todavía pantanosos”. Robert Fisk y Naomi Klein “han contribuido a descorrer el velo de la guerra, no desde un escritorio o frente a un monitor que administra la información, sino trasladándose al lugar de los hechos. Ambos llegan a las mismas conclusiones. No se está liberando a Irak de la tiranía, sencillamente se están haciendo negocios”. Sobre La doctrina del shock (2007) de Klein, dijo: “Es un libro muy peligroso”, pues “se entiende lo que dice”.

Expresó un reconocimiento a Pablo González Casanova, “otro de los que han avanzado en el desmonte de las viejas y nuevas realidades del capitalismo”, con “una mirada generosa y respetuosa de nuestro ir y venir como zapatistas”. Celebró la presencia de “dos generaciones de analistas del sistema capitalista, serios, brillantes, y con algo que suele olvidar el medio intelectual: son pedagógicos”. Finalmente, anunció que los zapatistas seguirán consolidando “el esfuerzo civil y pacífico de la otra campaña”, pero “las señales de guerra son claras. En palabras de Naomi Klein, debemos prepararnos para el shock”.

dimanche 16 décembre 2007

El mercado o la vida

Jornada

Las armas le ganan a lo verde: el mercado ha dicho

Naomi Klein

Cualquiera que esté cansado de las malas noticias de los mercados debería hablar con Douglas Lloyd, director de Venture Business Research, compañía que sigue las tendencias del capitalismo de riesgo. “Mis expectativas son que la inversión en este sector se mantenga boyante”, dijo recientemente. Su entusiasta humor se inspiró en el dinero que entra a caudales a las compañías de seguridad y defensa privadas. Añadió: “también lo veo como un sector mucho más atractivo –y muchos coinciden– que la energía limpia”.

¿Entendido? Si buscas una apuesta segura en un nuevo mercado con potencial de crecimiento vende lo solar, compra vigilancia; olvídate del viento, compra armas.

Esta observación, viniendo de un ejecutivo en quien confían clientes como Goldman Sachs y Marsh & McLennan, merece especial atención en el contexto de la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas, en Bali. Ahí, los ministros de medio ambiente supuestamente idearán un pacto global que sustituirá al de Kyoto.

La administración de George W. Bush, que aún obstaculiza firmes límites a las emisiones, quiere que el mercado resuelva la crisis. “Estamos en el umbral de dramáticos avances tecnológicos”, aseguró Bush, al mundo, el pasado mes de enero, y añadió: “lo dejaremos en manos del mercado, que decida la mezcla de combustibles que cumple con esta meta de manera más eficaz y eficiente”.

La idea de que el capitalismo puede salvarnos de la catástrofe climática tiene un poderoso atractivo. Le da a los políticos un pretexto para subsidiar las empresas en vez de regularlas, y cuidadosamente evade una discusión sobre cómo la lógica primaria del mercado, de un crecimiento sin fin, nos llevó, en primer lugar, adonde estamos.

Sin embargo, al parecer, el mercado tiene otras ideas acerca de cómo enfrentar los retos en un mundo cada vez más proclive a los desastres. Según Lloyd, a pesar de todos los incentivos gubernamentales, el gran capital le está dando la espalda a las tecnologías de energía limpia y, en vez, le apuesta a los aparatos que prometen sellar a los países e individuos ricos en fortalezas de alta tecnología. Las áreas clave de crecimiento en el capitalismo de riesgo son las empresas de seguridad privada que venden equipo de vigilancia y las privatizadas respuestas ante emergencias. En pocas palabras, en el mundo del capitalismo de riesgo hay una carrera entre los verdes, por un lado, y las armas y las guarniciones, por el otro. Y las armas van ganando.

Según Venture Business Research, en 2006 las compañías estadunidenses y europeas que desarrollaron tecnología verde y aquellas enfocadas a “seguridad interna” y armamento iban empatadas en la competencia por nuevas inversiones: la tecnología verde recibió 3.5 mil millones de dólares, cantidad que también recibió el sector de armas y guarniciones. Pero este año, las guarniciones de pronto se incrementaron drásticamente. Los verdes han recibido 4.2 mil millones de dólares, mientras las guarniciones casi duplicaron su dinero, recolectando 6 mil millones de dólares en nuevos fondos de inversión. Y aún no termina 2007.

Esta tendencia no tiene nada que ver con la verdadera oferta y demanda, ya que la demanda por tecnología de energías limpias no podría ser mayor. Con el petróleo llegando a 100 dólares el barril está claro que estamos necesitados de alternativas verdes, ya sea como consumidores como para la misma supervivencia de la especie. El último informe del Panel Intergubernamental de Naciones Unidas, ganador del Premio Nobel, fue descrito por la revista Time como “última advertencia a la humanidad”, mientras un nuevo reporte de Oxfam deja claro que la reciente ola de desastres naturales no es casualidad: en las pasadas dos décadas el número de eventos de clima extremo se cuadruplicó. En cambio, en 2007 no hubo ningún acto terrorista importante en Estados Unidos o Europa; hay señales de una reducción de las tropas estadunidenses en Irak, y a pesar de la implacable propaganda no hay una inminente amenaza de Irán.

Así, ¿por qué la “seguridad interna”, no la energía verde, es el nuevo sector en auge? Quizá porque hay dos diferentes modelos de negocios que pueden responder a nuestra crisis climática y energética. Podemos desarrollar políticas y tecnologías que nos desvíen de este rumbo desastroso. O podemos desarrollar políticas y tecnologías para protegernos de aquellos a quienes hemos enfurecido debido a las guerras por los recursos y desplazado debido al cambio climático, mientras, a la vez, nos protege de lo peor de la guerra y el clima. (La máxima expresión de esta segunda opción son los nuevos anuncios televisivos de Hummer: se ve al traga-gasolina llevando su carga a un lugar seguro en varias zonas de desastre, seguido por el lema “esperanza: los dueños de los Hummer, preparados para las emergencias”*. Es un poco como si el hombre Marlboro ofreciera terapia de consolación en una sala de oncología.) En pocas palabras, podemos elegir reparar o fortificarnos. Los activistas del medio ambiente y los científicos claman por reparar. El sector de la seguridad interna, por otro lado, cree que el futuro yace en las fortalezas.

Si bien el 9/11 lanzó esta nueva economía, durante los desastres naturales, muchas de las originales tecnologías contraterroristas son actualizadas como respuestas privatizadas ante las emergencias. Blackwater se presenta como la nueva Cruz Roja, los bomberos trabajan para las grandes aseguradoras –ver mi reciente artículo– (publicado en La Jornada: www.jornada.unam.mx/2007/11/04/index.php?section=opinion&article=024a1mun). Por mucho, el mayor mercado es la fortificación de Europa y Norte América: el contrato de Halliburton para construir centros de detención para un influjo migratorio no especificado, la “virtual” valla fronteriza de Boeing, las credenciales de identificación biométricas. El blanco principal de estas tecnologías no son los terroristas, sino los migrantes, un creciente número de quienes han sido desplazados por eventos de clima extremo, como las recientes inundaciones en Tabasco, o el ciclón en Bangladesh. Conforme el cambio climático deje más gente sin tierra, el mercado de las fortalezas drásticamente se incrementará.

Claro, todavía hay dinero por ganar a través de lo verde; pero hay mucho más verde –al menos en el corto plazo– por ganar si se vende escape y protección. Lloyd lo explica así: “la tasa de fracaso de los negocios en seguridad es mucho menor que las de las tecnologías limpias e igual de importante la inversión de capital requerida para construir un exitoso negocio de seguridad es mucho menor”. En otras palabras, resolver problemas reales es difícil, pero obtener ganancia de éstos es fácil.

Bush quiere dejar nuestra crisis climática al ingenio del mercado. Bien, pues el mercado ha dicho: no nos desviará de este desastroso rumbo. De hecho, el dinero inteligente apuesta porque nos quedemos ahí.

* En inglés, esta frase empieza con hope, o sea, esperanza. N de la T.

Copyright 2007 Naomi Klein. www.naomiklein.org.

Es autora del recién publicado libroThe shock doctrine (la edición española –Paidós– fue traducida comoLa doctrina del shock).

El texto fue publicado en The Nation.

Traducción: Tania Molina Ramírez.

vendredi 14 décembre 2007

Las estrategias del shock


14-12-2007
Entrevista a Naomi Klein, escritora y periodista
“La memoria es nuestra única esperanza”

Kamala Orozco
A los pocos días de que el tsunami arrasara el sudeste asiático, el Gobierno de Sri Lanka privatizó el agua. Éste es sólo un ejemplo dado por la autora de los libros No logo y Vallas y Ventanas, de cómo el poder utiliza el shock, la tragedia, la catástrofe para implantar una agenda neoliberal. Para Naomi Klein sólo la memoria colectiva permite hacer frente a esta estrategia.

DIAGONAL: ¿Por qué dices que la memoria colectiva es una forma de resistencia colectiva y nuestra única esperanza?


NAOMI KLEIN: Es nuestra única esperanza frente a las estrategias del shock. A mí me parece que está presente en todas partes, y los zapatistas son muy buen ejemplo de que las comunidades que resisten con más fuerza hoy en día son aquellas que cuentan con las historias más largas y mejor arraigadas de memoria colectiva. Las estrategias del shock son estrategias que basan en aprovecharse de cómo perdemos la conciencia de dónde estamos en tiempo y espacio, de cómo perdemos nuestro relato, nuestra historia y nuestro lugar en el espacio y en el tiempo.

¿Por qué crees que existe esta oposición a preservar la memoria, a recordarla?


Ya dijo el presidente argentino Carlos Menem que “si no se aprende a olvidar, se convierte uno en una estatua de sal...”. Hasta que no se rompió la amnesia, Argentina no volvió a ser un país capaz de resistir de nuevo. La recuperación de la memoria colectiva y la abolición de las leyes de inmunidad son factores inseparables de la recuperación de la confianza para retomar las calles. Cuando estábamos en Argentina en 2001 o 2002, no entendíamos -gringos ignorantes- por qué la gente nos repetía que la dictadura acababa de terminar si, hasta donde nosotros éramos conscientes, la dictadura había terminado en 1983. En realidad se referían al fin del olvido, que es lo mismo que recuperar la confianza para retomar las calles.

¿Crees que las mujeres desempeñan un papel especial en la preservación de la memoria?


Es cierto que las mujeres son con frecuencia guardianas de las historias de sus comunidades y sus familias. No creo que sea competencia exclusiva de las mujeres, pero sí que es verdad, especialmente en las comunidades indígenas, que las mujeres suelen ser las custodias de la historia. Es curioso, en Canadá existe un dicho que parte de la población nativa utilizaba en referencia a los colonos europeos: “Si ésta es vuestra tierra, ¿dónde están vuestras historias?”. Es decir, que el sentimiento de conexión con una tierra es inseparable de la existencia de historias sobre ella.

Has mencionado la reacción aquí en el 13-M y que la gente salió a la calle porque Aznar nos recordaba a alguien... la memoria colectiva de nuevo. ¿Crees que la forma de salir a la calle tuvo también algo que ver con la memoria?


Si no hay justicia oficial, habrá justicia popular, justicia en las calles. Luego está también la memoria cultural. Si no hay una memoria oficial, sancionada por el Estado, de monumentos y tribunales, hay un proceso de memoria popular muy profundo. El Centro para las Víctimas de la Tortura, en Canadá, lo fundó un psiquiatra español, Federico Allodi, a quien entrevisté para el libro y me dijo un par de cosas que me llamaron mucho la atención. Una de ellas fue que España es una cultura que ha metabolizado su terror, lo cual no constituye exactamente una memoria oficial pero representa una frase que nos permite reflexionar sobre cómo absorbemos las lecciones. La idea de que se pueden metabolizar colectivamente ciertas lecciones, aunque sea sin hablar de ello, hasta que llegado un momento todo se articula. A mí me parece que en Argentina pasó algo muy similar. Hubo una historia literaria, activista, que fue tejiéndose durante décadas antes de que se produjese un reconocimiento oficial, una memoria colectiva. Retomando la frase, eso es la metabolización y es lo que hace que América del Norte sea tan vulnerable: la cultura de la amnesia que tenemos, una cultura que insiste en una idea de perpetua inocencia, de una sociedad sin pecado original, y la mera idea de que pudiésemos haber hecho algo malo, nos coloca en un estado constante de shock. Recientemente hubo una exposición en Nueva York cuyo eslogan era We are Shocked Shocked. ¿Cuántas veces puede un país perder su inocencia? Porque es algo que se repite constantemente. Parece que EE UU pierde su inocencia una vez cada cinco años, luego la recupera y la vuelve a perder y nunca recuerda la vez anterior. Incluso en la polémica actual sobre la tortura, hay una terrible falsedad de fondo... Las manifestaciones de tortura en Guantánamo y en Iraq representan la pérdida de los valores americanos y el fin del símbolo americano de derechos humanos ante el mundo y, sin embargo, ahí está La Escuela de las Américas, símbolo de tortura en toda América Latina y que no se menciona jamás. De hecho, hace unos años escribí una columna, cuando Bush afirmó por primera vez: “Nosotros no torturamos”, “América no tortura”. Bueno, pues esas declaraciones las hizo en Panamá, cuna de La Escuela de las Américas original. Pero nadie en los medios dominantes llamó la atención sobre el hecho de que allí precisamente se había entrenado a tantos torturadores. ¡Y eso a pesar de que lo sabemos! Existe numerosa documentación desclasificada, así que el problema no radica en la información sino en la narración y en la capacidad de aferrarse a una historia y metabolizar la información transformándola en memoria colectiva. No se trata de falta de datos. En el documental se utiliza una frase que en realidad no me convence: “La información es la mejor arma de resistencia al shock”, porque no se trata en realidad de información, sino de narración, historia e historias... La información en sí misma, los documentos, los datos por sí mismos, no metabolizan la historia.

En Argentina se gritaba “que se vayan todos”. Refleja el alejamiento de los políticos de la sociedad. ¿Vivimos realmente en democracias? ¿Sentimos la democracia cotidianamente?


Esa frase a mí me parece que es la expresión última, la otra cara de la moneda, de lo que puede ocurrir en un estado de shock. En Estados Unidos, la respuesta de la gente al shock fue de confianza y fe absoluta en los líderes. En Argentina ocurrió lo opuesto, la debacle de la fe en cualquier figura de liderazgo y en la clase política. No creo que la gente sienta que vive en sistemas democráticos y me parece que, en la actualidad, se confunde el hecho de que mucha gente haya dejado de tratar de cambiar las cosas a través del sistema político con apatía o consentimiento o indiferencia. Me parece que, en realidad, estamos en un momento difícil, que no es de rechazo popular al proceso político, sino que es un momento, en muchos lugares del mundo, de desesperación. Se escucha con mucha frecuencia a la gente: “Lo intenté, protesté y nadie escuchó, voté y mira lo que tenemos ahora”... Y se ha extendido con mucha fuerza el sentimiento de que las cosas no pueden cambiarse. A mí me sucedió algo muy curioso escribiendo el libro. Pasé mucho tiempo hablando con periodistas, periodistas de mucho peso, de medios importantes, y están en un estado de tremenda desesperación; han perdido toda la esperanza y se enfadan conmigo porque yo tengo esperanza... El último capítulo del libro, ¡lo odian!... Al final acabo haciendo terapia con ellos porque me dicen: “Tu libro me deprimió”, y yo les pregunto si no sería que estaban deprimidos ya antes... Entonces se lo piensan y me dicen que tal vez sí...

¿Crees que se ha llegado al final del ciclo de contracumbres, de los foros tal como los hemos conocido?


A mí no me parece que ese modelo sea el futuro. Creo que va a haber otro modelo de activismo que no estará centrado en las cumbres per se. Espero que consigamos empezar realmente a articular una agenda... Desde los momentos álgidos del movimiento antiglobalización se ha prestado mucha atención a asuntos como la precariedad, las migraciones... Empezamos a presenciar demandas sobre los derechos de todas y cada una de las personas del mundo, bastante radicales de hecho... Como lo que sucede con los desastres, los fuegos, y te encuentras con este sistema de apartheid donde si tienes dinero te evacuan, te protegen... En fin, es una barbarie y es evidente, está a la vista de todos. Me parece que la respuesta a ello no es protestar a las puertas de una cumbre, sino que va a ser la organización de las personas que la sociedad desecha. Estamos empezando a verlo en el sur de Estados Unidos: grandes marchas de inmigrantes mexicanos. Es muy interesante porque, como sabemos, la precariedad es una forma de disciplina. Cualquiera que haya tratado de organizar a las personas en una situación más precaria sabe que un sistema se retroalimenta, porque las personas que tienen más sobre lo que protestar son las que más miedo tienen a hacerlo porque podrían perder su status, ser deportados, no tienen apoyos... Para mí, acudir a una protesta puede suponer arriesgarme a pasar un día o dos en la cárcel, pero para las personas a las que este sistema económico más excluye implica arriesgarlo todo. Y si a eso añades la vulnerabilidad de la población de piel oscura y el temor a terminar por desaparecer, absorbidos por este sistema invisible, precario, de prisiones, pues aún tienen más motivos para no protestar... Pero creo que esto es lo que va a cambiar y que vamos a presenciar la oposición de las personas en una posición más precaria en cuanto a qué derechos deben ser propios de toda persona y en cuanto a un tema más básico aún: si toda vida tiene el mismo valor. Realmente creo que va a ser así de básico pero, al mismo tiempo, hoy en día es tremendamente radical insistir en que no hay vidas que valen más que otras porque es una de las realidades más aberrantes, el hecho de que haya vidas que no constan. En Iraq puede morir un millón de personas y nadie va a contar esas muertes, literalmente... Así que pienso que vamos a ser testigos de un nuevo movimiento por los derechos civiles.

“La furia”


Me parece que la rabia está ahí y el miedo empieza a desaparecer y creo que una vez que la gente esté preparada para salir a la calle va a ser más radical que nada que hayamos visto en las últimas décadas, mucho más radical porque van a ser los más desfavorecidos... Estoy convencida. Se ha presionado demasiado a la gente. En California, por ejemplo, se arrestó y se deportó a inmigrantes que acudieron a los refugios durante los incendios. La gente estaba enfurecida. Y creo que la privatización de la respuesta, la brutalidad del sistema van a tener un efecto.

“Debería haber alguna forma de que EEUU pierda en Iraq"


¿Qué opinión tienes de la situación en Iraq después de haber estado allí?


Creo que la ocupación está agravando la violencia y tiene que terminar. No me creo que los estadounidenses sean una fuerza estabilizadora. Llevan cuatro años insistiendo en que si se retirasen sería mucho peor, pero las cosas no han hecho más que empeorar. La tragedia es que debería haber una fuerza estabilizadora que no sea EE UU, debería haber una ONU creíble, pero no la hay. Debería haber una forma de que EE UU pueda perder en Iraq. En EE UU el discurso se centra en qué partido político puede ganar, pero lo que hace falta es que Estados Unidos pierda y pague reparaciones. Hace falta que haya consecuencias de esta guerra ilegal que permitan construir la paz. Eso es lo que hace falta, de lo que no se habla. Es increíble que no se haga referencia a la ley internacional en relación con esta guerra que nunca debería haber empezado. La construcción de la paz requiere que se retiren y que haya reparaciones. Aunque uno de los asuntos más urgentes en cuanto al futuro de Iraq es el futuro del petróleo iraquí, porque a Iraq se le han robado billones de dólares en concepto de dinero para reconstrucción y no se prevé que vaya a recibir dinero en concepto de reparaciones. Además, al mismo tiempo, se le está robando su futuro, a través de las concesiones de privatización del petróleo... Una de las empresas responsables es Repsol, como en América Latina... Creo que en España la gente debería presionar a Repsol para que deje en paz el petróleo iraquí porque si a la gente le preocupa el futuro de Iraq, entonces les tiene que preocupar Repsol.