Nuestro problema es: ¿ quién va a pagar por aquellos que no pararon de enriquecerse haciendo presión sobre el trabajo, jugando en bolsa? ¿ Qué sangría nos preparan aún en caso de intervención masiva del Estado, incluso de nacionalización bancaria temporal, lo cual podría ocurrir en caso de la debacle financiera? ¿Quién va a pagar? ¿Qué Estado necesitará el capital a partir de ahora? Porque sigo afirmando que "el Estado" no debe ser analizado "en sí", sino como una máquina en cada una de sus fases. El libre mercado desarrollando sus contradicciones entró en su negación del Estado, la empresa que asegura la docilidad de la población y garantiza hasta el absurdo los beneficios económicos. Sus condiciones suponen que el ciudadano está retenido por el miedo, la ignorancia y su deseo de tener un dueño bueno.
Mientras la fauna neoliberal entreguista del PRI-PAN pretende desnacionalizar Pemex, los sabios gobiernos de Argentina y Brasil han echado reversa a la insana privatización (obligada por la unipolaridad estadunidense) de los hidrocarburos –la suprema materia prima de la geoestrategia– cuando se encaminan a renacionalizar y/o a restatizar integralmente sus pletóricos recursos, en el escenario de la decadencia financiera anglosajona y su excrecencia española.
Por cierto, encuestas “privadas”, mandadas a hacer por uno de los partidos involucrados en el desmantelamiento de Pemex, señalan que 71 por ciento de los mexicanos está en contra de su privatización (llega a más de 80 por ciento cuando se trata de “asociación con extranjeros”). Esto, naturalmente, ha sido ocultado en forma perversa por los multimedia locales concesionados (que no se olvide), ya no se diga por sus empleaditos –los hijos de Goebbels, quienes se atragantan con tanta mendacidad, como si los ciudadanos fuesen retrasados mentales–, lo cual empaña (de hecho sovietiza) cualquier debate democrático sobre el destino de los hidrocarburos de México y obliga a iniciar la gran democratización por la libertad de las concesiones de los multimedia, hoy un oligopolio neototalitario controlado por la dupla neoliberal PRI-PAN, y por donde pasa la verdadera batalla ciudadana para obtener su nueva libertad en el siglo XXI. Es curioso que la batalla por la independencia de Pemex desemboque ineludiblemente en la exigencia de la libertad plural de las concesiones multimediáticas como un acto imperativo de la mayor jerarquía trascendental de la nueva democracia del siglo XXI.
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