El beso de Fox
Nota original: Marcela Gómez Zalce
• Los brincos del Gymboree
• ¿Y los 281 mil spots?
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Y cómo no, my friend, si nuestros impuestos terminan pagando cirugías estéticas, seguros médicos, alacenas, vestuario, viajes, misceláneos, campañas millonarias de legitimación, perdón, de promoción, además de engordar la burocracia federal. La dudosa transparencia de los recursos para el gasto corriente y la nula transparencia de la aplicación de los excedentes petroleros ocasionan que los índices de confianza hacia el inquilino de Los Pinos sean, digamos, diminutos.
Algo parecido a lo que le está sucediendo a Vicente Fox si de confianza en su sucesor se trata. Porque la vereda que le están pavimentando las lacritas amarillas, cilindreadas por las tricolores encabezadas por Manlio Fabio Beltrones quien le está cobrando una ínfima parte de la factura que le va a salir carísima a la parejita de rancheros de San Cristóbal por el severo tubazo, poco a poco va transformándose en caminito y no vaya a ser que en una de ésas, amable lector, se torne autopista. El delicado juego de Felipe Calderón, a quien ganas le sobran para darle flit a Marta y Vicente, se está poniendo color de hormiga tabasqueña.
Tan es así que el guanajuatense después de seis años finalmente entendió la importancia del timing, y hace unos días de gira por Madrid, España, en el marco de la IV Conferencia Anual Club Madrid (who cares) Fox le puso cascabel al gato de Calderón. El ex presidente afirmó, después de una fugaz intervención de pisa y corre (por aquellito de preguntas incómodas) que México necesita abrir Petróleos Mexicanos al capital extranjero. ¿Seductor, no le parece?
Lástima que no le hayan doblado las campanas celestiales para apagar su simpática sugerencia justo cuando el asunto del petróleo y la reforma energética es epicentro de arreglones, discordias y pronósticos reservados de ebullición política. Fox, con su distintivo sello de perversidad, le moja la pólvora a Calderón ahora que el Gymboree de Los Pinos salta y brinca de contento ante el extraordinario panorama que vislumbran como cierre de año donde dan por sentado, of course, el asunto de la reforma energética.
Se lo sabe de memoria, my friend, Felipe no quiere desaprovechar la calentura legislativa, el descubrimiento de su exitoso matrimonio con el PRI y Carlos Salinas, y la posibilidad del reparto de zanahorias antes de entrar de lleno al complejo trimestre de 2008 donde entre el aumento al precio de la gasolina, la inevitable cuesta de enero, el coletazo de la economía estadunidense y la bomba de los bancos llamada cartera vencida que, junto y mezclado, hacen un delicioso coctelito para ocasionar gastritis crónica.
Vicente sabe bien el tamaño del beso endiablado que envió con cordiales saludos a Felipe que, con el paso de las semanas y entrando de lleno a su segundo año de gobierno, tiene la obligación de ajustar cuentas con su antecesor o cargar con la lápida de su complicidad (¿¿oootra??) que en un lapso no lejano terminará enterrándolo. Porque los niveles de corrupción del foxismo fueron descomunales y la cobija de la impunidad no alcanza para tapar a todos los traviesos.
Razón de más para que el ex presidente hable y hable en cualquier micrófono internacional. Y no hay mejor tema que el sector energético. Y si le suma que le llega, puntualmente, todo lo que sucede en la burbujita presidencial, Fox tiene muy claros los riesgos. La pregunta, my friend, es si en Los Pinos... también.
Por la Mirilla
Uno. Los niveles de violencia anuncian el boomerang de los cacareados decomisos... y aún hay más.
Y dos. ¿¡Y la paternidad de los 281 mil spots?!
Desde Roma ha de sonreír satisfecho, porque su estrategia le está resultando más exitosa de lo previsto. Mientras aquí en el PRD, agrupaciones simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador y personajes identificados con la causa del Frente Amplio Progresista ven cómo la avalancha mediática se les viene encima y son incapaces de hacer una defensa inteligente contra las acusaciones que les lanzan desde las oficinas del arzobispado primado de México.
El domingo pasado no estuvo en la Catedral metropolitana el cardenal Norberto Rivera Carrera, pero de todos modos sumó puntos a su bien diseñado camino, consistente en presentarse ante la opinión pública como un perseguido por defender la libertad de cultos en México. El prolongado tañer de las campanas catedralicias, mientras en el Zócalo tenía lugar un acto masivo presidido por López Obrador, hizo perder los estribos a un grupo de simpatizantes del tabasqueño que irrumpió en el templo exigiendo que cesara el largo llamado del campanario. Algunos comentaristas y el presidente del Colegio de Abogados Católicos, Armando Martínez, sostienen que las personas que ingresaron al recinto religioso gritando “es un honor estar con Obrador” fueron azuzadas a realizar tal acción por doña Rosario Ibarra de Piedra.
Cuando la senadora daba su discurso, las campanas sonaron a todo lo que daban; frente a esto doña Rosario compartió con la multitud su parecer: “¿Será que las campanas saludan a esta convención o querrán hacer que callen las voces del pueblo?” (nota de Gabriel León, Alma E. Muñoz y Enrique Méndez, La Jornada, 19/11). A partir de sus palabras, acusarla de ser instigadora de la incursión a la Catedral es una exageración. Pero lo que sí tiene sustento, a mi parecer, es que en un ambiente cargado de enconos, quienes se dirigen a miles de ciudadanos, como los congregados en el Zócalo, deben ser sumamente cuidadosos con sus palabras porque algún sector presente puede tomarlas como un llamado a emprender acciones que pudiesen tener resultados lamentables.
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Me parece que ya es hora de ir más allá de que el escandalito fue causado por provocadores, a los que inermes ciudadanos respondieron inocentemente. Si ya se sabe por largas experiencias en las nutridas filas del lopezobradorismo que en sus actos hay que prever las provocaciones, ¿por qué entonces caen una y otra vez en el garlito que les arman para evidenciarlos como intolerantes? Un movimiento pacífico, como el que una y otra vez dice López Obrador es el suyo, está obligado a desarrollar una pedagogía y estrategias que neutralicen a los provocadores. Ahí están experiencias como la de Martin Luther King y Mahatma Gandhi, quienes confrontaron toda clase de violencias con creativas respuestas ajenas a la violencia, y al hacerlo creció su autoridad moral y evidenciaron la hipocresía de sus atacantes. De no hacerlo así, del otro lado seguirán sonrientes y mirando cómo sus celadas alcanzan sus bien claros objetivos.


